Raúl Castro, apareció públicamente este jueves en la televisión estatal para encabezar la recepción oficial de los restos de 32 militares cubanos fallecidos en Venezuela, en un acto que ha marcado la agenda política y mediática de la isla. El acto, celebrado en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, fue transmitido por los medios estatales y contó con la presencia del presidente Miguel Díaz-Canel y altos mandos de las Fuerzas Armadas.
Los 32 militares —desplegados en Venezuela en el marco de una alianza estratégica entre La Habana y Caracas— murieron durante una acción militar estadounidense el pasado 3 de enero que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de ese país, según reconoció oficialmente el Gobierno cubano y recogió la prensa internacional.
En el solemne recibimiento, los féretros o urnas con los restos mortales, cubiertos con la bandera nacional, fueron descargados de un avión y honrados con una formación de tropas y una banda militar que interpretó el himno nacional. Castro, de 94 años, apareció vestido con uniforme de gala y símbolos de luto, permaneciendo en silencio mientras se desarrollaba la ceremonia.
La presencia de Raúl Castro —retirado de los cargos ejecutivos desde hace años— junto al gobernante Díaz-Canel y otros dirigentes del Partido Comunista responde a un momento de fuerte presión interna y externa para el régimen cubano, justo cuando la economía enfrenta severas dificultades y la población lidia con carencias de servicios básicos como combustible, transporte y atención sanitaria.
El acto oficial, ampliamente difundido por la televisión, fue enmarcado como una demostración de unidad revolucionaria y de homenaje a los “caídos en cumplimiento del deber”, un lenguaje que busca reforzar la narrativa de sacrificio ante lo que el Gobierno describe como agresiones externas.
Este recibimiento contrasta con la realidad cotidiana de muchos cubanos, donde incluso el traslado de pacientes en ambulancias y la disponibilidad de servicios funerarios enfrentan retrasos prolongados por la falta de recursos, una situación que habitantes y críticos han denunciado como reflejo de la crisis estructural que atraviesa el país. El gesto oficial, aunque cargado de simbolismo, ha generado reacciones encontradas entre la población, entre quienes respaldan el homenaje estatal y quienes cuestionan la priorización de recursos en medio de necesidades básicas insatisfechas.
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