El activista y abogado cubano Manuel Viera confirmó su salida de Cuba en un mensaje público fechado el 12 de enero de 2026, en el que relató haber abandonado el país sin destino predeterminado, con escasos recursos y bajo un contexto de amenazas y hostigamiento que —según su testimonio— incluían advertencias de represalias contra su familia si no guardaba silencio.
En su declaración, Viera explicó que partió solo, dejando en la isla a su esposa y a su hija, con el objetivo de buscar vías seguras para sacarlas del país lo antes posible. “No me voy porque quiero”, afirmó, al describir su salida como una decisión forzada tras lo que calificó como una “verdadera tortura” en los días previos. El activista señaló que su prioridad inmediata es garantizar la protección de su familia, a la que dejó al cuidado de vecinos y amigos.
Viera indicó que, por motivos de seguridad, no puede revelar su ubicación exacta. Sin embargo, confirmó haber llegado a Sudamérica y expresó su intención de continuar viaje “tan cerca de la Antártida como sea posible”, mientras recibe apoyo de personas que, según dijo, le habían ofrecido ayuda durante años y que ahora acepta ante la urgencia de su situación.
El abogado describió su salida como parte de un proceso mayor de denuncia y testimonio. Señaló que pretende narrar su experiencia para quienes —en sus palabras— “aún cierran los ojos” ante la realidad interna de Cuba, y rechazó la explicación que atribuye la crisis del país únicamente a factores externos. “Nos han mentido toda la vida”, sostuvo.
En su relato, Viera también ofreció observaciones sobre el país en el que se encuentra actualmente, al que describió como una sociedad en constante actividad económica, con presencia de construcción, comercio y trabajo visible, y con una escasa presencia policial en las calles. Comparó esa realidad con la situación en Cuba, destacando diferencias en infraestructura, actividad productiva y vida cotidiana. Subrayó además el apoyo recibido por la diáspora cubana, que —según dijo— lo acompañó desde su llegada al aeropuerto.
El activista aseguró que su salida no constituye una despedida, sino un paso temporal en un proceso que espera revertir. “Voy a volver pronto”, afirmó, al tiempo que expresó orgullo por su identidad cubana y por las muestras de solidaridad recibidas tanto dentro como fuera del país. También adelantó que, con la ayuda recibida, continuará su ruta y ofrecerá “una agradable sorpresa” en el corto plazo, sin ofrecer más detalles.
La salida de Manuel Viera se suma a una lista creciente de activistas, profesionales y opositores que han abandonado Cuba en los últimos años tras denunciar presiones, vigilancia y amenazas. Organizaciones de derechos humanos han documentado patrones de hostigamiento y coerción contra voces críticas, incluidas advertencias dirigidas a familiares, como método para forzar el silencio o la salida del país.
Mientras tanto, Viera insiste en que su decisión responde a la necesidad de proteger a los suyos y continuar su labor desde fuera. “Este no es el final, es apenas el comienzo”, concluyó, reafirmando su intención de seguir denunciando lo que considera violaciones y de trabajar por “una Cuba para todos”.
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