La Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará entre Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta controversias cada vez mayores a medida que se acerca su inicio el próximo 11 de junio. Diversos aficionados internacionales han cancelado sus entradas o expresado su preocupación por asistir al torneo, citando el clima político y las políticas migratorias del gobierno de Estados Unidos bajo el presidente Donald Trump.
Aunque no hay cifras oficiales de la FIFA sobre el número exacto de boletos devueltos, informes destacan que más de 16.000 personas con entradas han cancelado sus reservas. Organizaciones y campañas en redes sociales han promovido un boicot al Mundial como protesta contra decisiones políticas de la administración estadounidense que, según críticos, contradicen el espíritu inclusivo del evento.
Uno de los casos más destacados es el del diplomático libanés Mohamad Safa, director ejecutivo de la ONG Patriotic Vision, quien anunció la cancelación de sus entradas para el Mundial alegando temores sobre su seguridad y la posibilidad de detenciones arbitrarias por parte del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) durante su visita. Safa afirmó en redes sociales que podría ser detenido sin cargos formales, juicio ni derecho a un abogado, debido a las políticas migratorias más estrictas implementadas desde 2025.
Este tipo de reacciones se han unido a llamados más amplios de activistas como Ajamu Baraka, excandidato a la vicepresidencia en EE. UU., que ha instado a boicotear el torneo, así como a expresiones de preocupación de organismos internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que critican el endurecimiento de las medidas de seguridad y migración en el país anfitrión.
El descontento también está alimentado por los cambios en las políticas de entrada a Estados Unidos. A raíz de decisiones tomadas por la administración Trump en 2025, se han impuesto restricciones más severas para la obtención de visados turísticos, además de nuevas tasas y requisitos que afectan a quienes buscan viajar al país, lo que ha generado advertencias de que algunos aficionados podrían enfrentar denegaciones o demoras significativas en sus trámites de entrada.
Para intentar mitigar estas preocupaciones, el gobierno de Estados Unidos y la FIFA presentaron el programa “FIFA Pass”, un sistema que permite a poseedores de entradas tener acceso a citas consulares prioritarias para solicitar visas más rápidamente. Pese a ello, este mecanismo no garantiza ingreso al país, ya que los solicitantes aún deben someterse a los controles migratorios habituales.
Organizaciones civiles han ido más allá del boicot individual, enviando cartas y peticiones a la FIFA para que utilice su influencia con el fin de garantizar la protección de los derechos de los aficionados internacionales y de las comunidades migrantes en Estados Unidos ante las políticas restrictivas actuales.
Mientras tanto, la FIFA continúa con el proceso de venta de entradas, que ha registrado cifras históricas de demanda en fases iniciales pero también ha generado críticas por precios elevados y mecanismos de asignación que algunos aficionados consideran injustos.
A falta de pronunciamientos oficiales de la FIFA sobre el impacto de estas cancelaciones causadas por el contexto político estadounidense, aumenta la atención sobre cómo se equilibrarán la logística organizativa del Mundial con las tensiones sociopolíticas globales, y si esto podría influir en la asistencia de espectadores internacionales en uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
Fuente: Newsbreak
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