La tranquilidad de un vecindario en Pensilvania se rompió de forma brutal tras revelarse que una vivienda común ocultaba un escenario digno de una película de terror. Más de un centenar de restos humanos fueron hallados en la casa de un joven de 34 años, ahora acusado de haber saqueado tumbas y mausoleos durante meses, en una cadena de profanaciones que estremeció incluso a los investigadores más curtidos.
El caso comenzó a tomar forma luego de repetidas denuncias del personal del cementerio Mount Moriah, donde se detectaron daños constantes en sepulturas, nichos violentados y señales claras de manipulación de restos. Ante la persistencia de los incidentes, la Policía decidió montar operativos de vigilancia, convencida de que no se trataba de actos aislados de vandalismo.
La noche clave llegó cuando los agentes observaron un automóvil estacionado cerca del camposanto con huesos visibles en su interior. Poco después, el sospechoso fue visto saliendo del cementerio con una bolsa de arpillera y herramientas para forzar estructuras funerarias. La escena no dejó margen para dudas: fue detenido de inmediato y trasladado para interrogatorio.
Durante las primeras indagaciones, el hombre reconoció haber sustraído restos humanos, aunque minimizó la cantidad. Sin embargo, el verdadero alcance de sus acciones se reveló tras el registro de su vivienda, autorizado por un juez. En el interior, los agentes encontraron cráneos, huesos largos y fragmentos corporales almacenados en distintos espacios de la casa, algunos colocados en estantes, otros parcialmente ensamblados, como si se tratara de una perturbadora colección.
La Fiscalía informó que el número de cargos podría ascender a varios cientos, debido a la cantidad de tumbas afectadas y al hallazgo masivo de restos. Además, se investiga si entre los fragmentos recuperados existen restos de menores de edad, lo que agravaría aún más la situación legal del acusado. Por ahora, permanece en prisión al no poder pagar una fianza fijada en un millón de dólares.
El impacto del caso se ha extendido mucho más allá del barrio donde vivía el detenido. Familias que tienen parientes sepultados en Mount Moriah viven ahora con la angustia de no saber si las tumbas de sus seres queridos fueron violadas. Equipos forenses trabajan contrarreloj para identificar los restos y devolverlos a sus lugares de descanso, en un proceso doloroso y complejo.
Mientras tanto, crece la indignación pública por la falta de seguridad en los cementerios y la facilidad con la que, durante meses, alguien pudo cometer actos tan graves sin ser detectado. Lo ocurrido ha reabierto un debate incómodo pero necesario: la vulnerabilidad de los espacios funerarios y la urgencia de protegerlos para evitar que el respeto a los muertos vuelva a ser pisoteado de forma tan atroz.
Fuente: Telemundo
Foto: Captura de pantalla © Al Rojo Vivo – YouTube hecha por Periódico Cubano
Bomba en el Real Madrid: Xabi Alonso, destituido como entrenador tras 7 meses en el cargo
Hace 1 día