La creadora de contenido Julia Velcheva, radicada en Valencia y con millones de seguidores en plataformas digitales, visitó La Habana y Varadero a inicios de enero y compartió en Instagram un testimonio de viaje en el que describió a Cuba como un lugar “magnético”, “salvaje” y “unbelievably beautiful”. La publicación acumuló miles de interacciones y reactivó un debate recurrente sobre cómo se proyecta la imagen del país desde miradas externas con gran alcance mediático.
El contenido fue presentado como una experiencia sensorial. A través de videos y textos, Velcheva evitó referencias políticas directas y centró su relato en elementos visuales: calles antiguas, edificios envejecidos, ritmos pausados y escenas cotidianas. La frase inicial —“Our flight is landing in Havana, Cuba”— marcó el tono de una narración orientada a lo emocional y estético.
Velcheva, también conocida como Iuliia o Yulia Velcheva y creadora de la marca BY VELCHEVA, se define como perfumista y emprendedora. Su perfil supera los cinco millones de seguidores y está enfocado en estilo de vida, gastronomía y estética visual, lo que amplifica el impacto de sus publicaciones sobre cualquier destino que visita.
En su relato, La Habana aparece como una ciudad que no busca impresionar, sino que “simplemente existe”. Destaca muros desgastados, puertas antiguas y edificios marcados por el paso del tiempo, elementos que presenta como parte de su encanto. Sin embargo, ese enfoque generó críticas entre usuarios que cuestionaron la ausencia de contexto social. Algunos señalaron que describir el deterioro urbano como “textura” o “belleza salvaje” puede contribuir a romantizar la precariedad.
La reacción en redes evidenció una discusión habitual en torno a los contenidos de viaje sobre Cuba: la distancia entre la postal turística y la vida cotidiana de los residentes. Mientras la Isla enfrenta desde hace años problemas de abastecimiento, apagones y dificultades económicas, esas realidades suelen quedar fuera de relatos breves y altamente visuales.
Velcheva no presentó su visita como un análisis político ni como un reportaje. No obstante, el tamaño de su audiencia convierte su experiencia personal en un mensaje global que circula sin la voz directa de quienes viven en el país. Horas después de publicar el contenido, la influencer ya había salido de Cuba, mientras el debate continuaba en redes sociales entre elogios y cuestionamientos sobre la responsabilidad de estas narrativas.
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