La denuncia por las pésimas condiciones de la escuela "Rigoberto Corcho López" en Sumidero, Limonar, llevó a las autoridades hasta el poblado, pero no consiguió la solución que esperaban las familias. La maestra Idalmis, que había convertido el portal de su propia vivienda en un aula para evitar que sus alumnos perdieran clases, habría sido reprendida y obligada a desmontar el espacio, mientras los niños regresaron a una escuela cuyos padres aseguran que presenta graves problemas estructurales.
La situación de la escuela "Rigoberto Corcho López" en Sumidero continúa generando preocupación entre padres y vecinos, después de que se hiciera pública la decisión de una maestra de prestar el portal de su propia casa para que sus alumnos pudieran continuar recibiendo clases ante las malas condiciones del centro educativo.
La denuncia provocó una reacción de las autoridades y, según testimonios llegados desde la comunidad, representantes del Gobierno se trasladaron hasta Sumidero. Entre ellos habría estado el intendente de Limonar, quien de acuerdo con esos testimonios, llegó a la vivienda de la maestra Idalmis con una actitud que los vecinos califican de arrogante.
Según la denuncia, las autoridades ordenaron retirar las mesas y las sillas y desmontar el aula improvisada que la docente había preparado para sus estudiantes. La maestra, que había buscado una alternativa para proteger a los niños y evitar la interrupción de las clases, terminó siendo señalada por una situación que, en principio, intentaba resolver ante la falta de condiciones del propio centro escolar.
Mientras tanto, al delegado del poblado le habrían comunicado que no existen recursos suficientes para realizar la reparación integral que necesita la escuela.
Las obras realizadas fueron, según los testimonios, mucho más limitadas: se acomodó nuevamente parte del techo, se repararon algunas puertas deterioradas y se realizaron trabajos en los baños con el objetivo de que los alumnos pudieran regresar al plantel.
Pero para varias familias, el problema está lejos de quedar resuelto. Los padres aseguran que las vigas de madera que sostienen el techo están podridas y mantienen el temor de que una parte de la estructura pueda ceder o que alguna teja termine cayendo sobre los estudiantes.
La denuncia consiguió que las autoridades acudieran a Sumidero, pero la preocupación de las familias permanece. Y mientras los niños volvieron a las aulas, la maestra que intentó ofrecerles un lugar alternativo para estudiar habría terminado recibiendo el maltrato de quienes debían responder por las condiciones de la escuela.
Una docente puso su propia casa al servicio de sus alumnos. La pregunta ahora es quién pondrá los recursos para garantizar que esos niños puedan estudiar sin estar expuestos a un posible peligro.
Fuente: Christian Arbolaez
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