Un cubano identificado por las autoridades estadounidenses como un activo de la inteligencia de La Habana realizó durante años donaciones por miles de dólares a las campañas de los congresistas republicanos María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, dos de las voces más críticas del régimen cubano en el sur de Florida.
Se trata de Fernando Armando Valdés Pérez, un cubano-guatemalteco de 61 años que residía en Kendall y que fue deportado a Guatemala en agosto después de que las autoridades migratorias estadounidenses determinaran que había ocultado sus vínculos con la inteligencia cubana al obtener su residencia permanente.
Según registros de la Comisión Federal Electoral (FEC) citados por el Miami Herald, Valdés Pérez entregó $2,900 a la campaña de reelección de Salazar en 2022 y otros $1,000 en 2024, esta última contribución realizada a través de la empresa Sr. Valdes Cigars, registrada a su nombre.
También aportó $1,000 a la campaña de Díaz-Balart en 2018 y otros $2,000 en 2024. En total, las contribuciones identificadas suman $6,900.
Las autoridades estadounidenses sostienen que Valdés Pérez llevaba décadas vinculado con los servicios de inteligencia cubanos y que, desde al menos los años 90, tenía entre sus objetivos infiltrarse en organizaciones y círculos del exilio cubano en Estados Unidos.
Durante ese tiempo consiguió establecer relaciones con importantes figuras del movimiento anticastrista de Miami. Entre ellas estuvo Luis Posada Carriles, uno de los más conocidos enemigos del gobierno cubano, a quien Valdés habría acompañado durante sus últimos años en la ciudad.
Según testimonios recogidos en el reportaje, Valdés llegó incluso a encargarse de asuntos personales de Posada, como acompañarlo a citas médicas, organizar celebraciones y mantener una relación cercana con su entorno.
La conexión resulta particularmente llamativa porque Posada Carriles fue durante décadas uno de los principales objetivos de la propaganda y las acusaciones del gobierno cubano, mientras que, según las autoridades estadounidenses, el hombre que llegó a convertirse en una persona de confianza para él trabajaba secretamente para la inteligencia de La Habana.
Valdés fue detenido el 10 de julio de 2026 en el Aeropuerto Internacional de Miami durante una operación conjunta de ICE, el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Posteriormente fue deportado a Guatemala el 7 de agosto.
Hasta ahora, las autoridades estadounidenses no han anunciado cargos penales contra Valdés por espionaje o por actuar como agente de un gobierno extranjero.
Tampoco existen indicios públicos de que Salazar o Díaz-Balart conocieran sus presuntos vínculos con la inteligencia cubana, ni de que las donaciones formaran parte de una operación de espionaje.
El caso ha puesto nuevamente bajo atención las actividades de infiltración de los servicios de inteligencia cubanos dentro de comunidades del exilio en Estados Unidos.
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