La decisión de redistribuir a los estudiantes de los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE) hacia centros más cercanos a sus hogares confirma lo que muchos temían: el progresivo desmontaje de uno de los proyectos educativos más emblemáticos del país. Lo que comenzó como una medida justificada por la crisis del transporte y la escasez de combustible termina golpeando directamente a un modelo concebido para formar a la élite científica juvenil.
Los IPVCE nacieron en la década de 1970 como parte de una estrategia para impulsar el talento en Matemáticas, Física y Química. Su antecedente fue la escuela "Vladímir Ilich Lenin", inaugurada en La Habana en 1974, que marcó el inicio de un sistema selectivo donde los mejores expedientes académicos accedían a mejores condiciones materiales y docentes. Con el tiempo, estas instituciones se extendieron a todas las provincias y se convirtieron en referente de calidad dentro de un sistema educativo cada vez más golpeado por carencias.
Durante años, los IPVCE mantuvieron indicadores superiores en los exámenes de ingreso a la universidad. Sin embargo, la emigración de profesores, el deterioro de las instalaciones y la falta de recursos fueron debilitando su funcionamiento. Aun así, seguían representando una diferencia notable frente a los preuniversitarios convencionales.
El anuncio oficial, realizado por la ministra de Educación Naima Ariatne Trujillo Barreto establece que los alumnos continuarán el curso en instituciones cercanas a sus viviendas debido a limitaciones logísticas. En la práctica, esto elimina el carácter vocacional y concentrado de los IPVCE, cuyo valor radicaba precisamente en reunir a estudiantes con alto rendimiento en un entorno especializado.
La medida se produce en medio de una profunda crisis económica que lleva al Gobierno a priorizar recursos mínimos para sostener servicios básicos. Pero el impacto va más allá del presente inmediato. Al diluir estos centros, el país pierde un espacio clave para cultivar vocaciones científicas y técnicas, fundamentales para cualquier estrategia de desarrollo.
Así, el ideal promovido durante décadas por Fidel Castro, que aspiraba a convertir a Cuba en una nación de científicos, enfrenta hoy una realidad contradictoria. Sin inversión, sin transporte y sin garantías estructurales, los IPVCE dejan de ser símbolo de excelencia para convertirse en otra víctima de la crisis nacional.
Fuente: Cubanet
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