Este fin de semana, Cuba celebró los días dedicados a las vírgenes de Regla y de la Caridad del Cobre, conocidas en la religión afrocubana como Yemayá y Ochún, respectivamente. Estas festividades son momentos de gran significado para muchos cubanos, que elevan sus plegarias a estas deidades para que brinden protección y bienestar a la nación. Yemayá, la Virgen del Azul, es venerada como la madre de todos los dioses en la religión yoruba y es asociada con el mar y la maternidad. Ochún, por otro lado, es la diosa de los ríos y la fertilidad, a menudo relacionada con el amor y la prosperidad.
En medio de estas celebraciones, ha surgido una "súplica" que ha captado la atención y generado debate: la de Lis Cuesta, esposa del gobernante Miguel Díaz-Canel. Cuesta, en un acto que parece combinar fervor religioso con retórica política, ha pedido a Yemayá que extienda su protección no solo a los cubanos sino también a los palestinos, en un momento en que ambos pueblos enfrentan serias dificultades.
La declaración de Cuesta, quien ha sido apodada "la machi" del régimen cubano, se ha convertido en el centro de controversia. En sus palabras, Cuesta imploró: "Virgen hermosa del Azul, Yemayá, protege a los cubanos con tu manto sagrado, llegado de la Madre África, y extiende tu amor hasta los palestinos, que tanto sufren junto a tus aguas". Esta invocación, que busca unir dos luchas aparentemente separadas, ha sido interpretada por muchos como un intento de mostrar empatía hacia los palestinos mientras se ignoran o minimizan las dificultades internas que enfrentan los cubanos.
La crítica a Cuesta y al régimen cubano en general se ha intensificado con esta declaración. Los detractores argumentan que tanto Cuesta como otros miembros del gobierno viven en una realidad paralela a la del pueblo cubano. En lugar de abordar problemas tangibles y cotidianos que afectan a los ciudadanos, como la escasez de alimentos, la crisis económica y las deficiencias en el sistema educativo, el gobierno parece enfocar su atención en declaraciones simbólicas que no abordan las necesidades urgentes del país.
La comparación hecha por Cuesta entre la situación de los niños cubanos y los de Palestina ha sido particularmente polémica. Muchos críticos ven esta comparación como una forma de desviar la atención de las verdaderas dificultades que enfrentan los niños en Cuba, tales como la falta de recursos educativos y la infraestructura deteriorada. La percepción de que el gobierno se enfoca más en la retórica internacional y en la imagen externa que en resolver problemas internos ha alimentado el descontento y la frustración entre la población.
En resumen, la declaración de Lis Cuesta refleja una desconexión significativa entre las élites gobernantes y la realidad cotidiana de los cubanos. Mientras la comunidad internacional observa y se solidariza con diversas luchas globales, muchos en Cuba sienten que sus propios desafíos internos son ignorados o minimizados por quienes tienen el poder de efectuar cambios reales. Esta brecha entre las palabras y las acciones del gobierno sigue siendo un tema de debate y crítica en el contexto cubano, y la reciente súplica de Cuesta solo ha servido para profundizar esa división.
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