La acumulación de basura, aguas residuales y desechos orgánicos en calles transitadas de La Habana Vieja vuelve a encender las alertas sanitarias. En varios puntos del municipio, montones de residuos en descomposición conviven con la venta ambulante de alimentos, en un entorno marcado por malos olores, presencia de insectos y líquidos contaminados que corren a cielo abierto.
Especialistas en salud pública advierten que estas condiciones favorecen la proliferación de bacterias, virus y parásitos capaces de provocar enfermedades gastrointestinales, infecciones cutáneas y brotes epidémicos. La combinación de desechos fétidos, aguas infectas y alimentos expuestos sin controles higiénicos constituye un escenario de alto riesgo, especialmente en zonas con gran afluencia de peatones, incluidos niños y adultos mayores.
La venta de productos alimenticios en espacios contaminados incrementa la posibilidad de contaminación cruzada. Moscas, roedores y otros vectores actúan como transmisores de patógenos, mientras el calor y la humedad aceleran la descomposición de los residuos y la multiplicación microbiana. En estas circunstancias, el consumo de alimentos manipulados sin condiciones sanitarias adecuadas puede derivar en cuadros de diarreas agudas, hepatitis A, parasitosis y otras afecciones prevenibles.
Vecinos de La Habana Vieja denuncian que la recogida de desechos es irregular y que las aguas albañales permanecen durante días sin atención.
La falta de mantenimiento de la infraestructura urbana y de una respuesta sistemática de los servicios comunales agrava un problema que, lejos de ser coyuntural, se ha vuelto recurrente. La percepción ciudadana es de abandono institucional y de ausencia de medidas efectivas para proteger la salud colectiva.
La situación se produce en un contexto de deterioro sostenido de los servicios básicos, donde la escasez de recursos y la falta de gestión eficiente impactan directamente en la higiene urbana. Mientras tanto, la población continúa expuesta a focos de insalubridad en áreas históricas y densamente pobladas.
En una ciudad donde el espacio público es vital para la vida cotidiana y la economía informal, la convivencia entre basura y alimentos evidencia una crisis sanitaria latente. Sin acciones integrales de limpieza, control y prevención, el riesgo de enfermedades seguirá creciendo en uno de los municipios más emblemáticos de la capital cubana.
Fuente: DisA, Facebook
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