Los principales destinos turísticos de Cuba atraviesan una de sus peores crisis en años, marcados por apagones prolongados, falta de combustible y una drástica caída en la llegada de visitantes, en un contexto donde crecen las críticas al manejo económico del régimen.
En zonas como la Ciénaga de Zapata, uno de los polos de ecoturismo más importantes del país, la actividad turística prácticamente se ha paralizado. Lugares que antes recibían a cientos de visitantes hoy lucen vacíos, con hoteles cerrados, restaurantes sin clientes y servicios básicos colapsados.
Propietarios de alojamientos privados aseguran que las cancelaciones de reservas se han multiplicado. Muchos turistas, incluso ya dentro del país, no logran desplazarse por la falta de transporte debido a la escasez de combustible. “¿Quién va a venir en estas condiciones?”, se preguntan quienes dependen del turismo para sobrevivir.
Las cifras oficiales reflejan la magnitud del desplome: la llegada de turistas internacionales cayó más de un 50 % en comparación con el año anterior. Esto golpea directamente a un sector que, a pesar de la crisis, sigue siendo una de las principales fuentes de ingresos del país.
Sin embargo, más allá de factores externos, residentes y trabajadores del sector señalan que el deterioro actual responde en gran medida a problemas internos acumulados durante años. La falta de inversión, la centralización económica y la ineficiencia en la gestión han debilitado la infraestructura turística y los servicios básicos.
Los apagones, que en algunas zonas superan las 20 horas diarias, afectan directamente la experiencia del visitante y la vida cotidiana de los cubanos. La escasez de agua, las dificultades en las comunicaciones y la precariedad del sistema de salud en áreas rurales agravan aún más la situación.
En destinos como Playa Larga o Playa Girón, el panorama es desolador. Calles casi vacías, negocios cerrados y una actividad económica reducida al mínimo han convertido a estas zonas en lo que muchos describen como “pueblos fantasma”.
Incluso atractivos naturales emblemáticos permanecen cerrados o con acceso limitado, debido a la falta de recursos para su mantenimiento. La conocida Cueva de los Peces, por ejemplo, lleva semanas sin recibir visitantes.
El impacto también se extiende a quienes, sin trabajar directamente en el turismo, dependen indirectamente de este sector. Vendedores, transportistas y pequeños emprendedores han visto desaparecer sus ingresos en cuestión de meses.
Mientras el discurso oficial insiste en atribuir la crisis a factores externos, cada vez más voces dentro de la isla señalan que la falta de reformas estructurales y la ineficiencia del modelo económico han profundizado el deterioro.
Fuente: La Jornada
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