El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido en privado que algunas de sus políticas migratorias, centradas en deportaciones masivas, “han ido demasiado lejos”, y ha ordenado a su equipo rediseñar la estrategia en medio de crecientes críticas y tensiones políticas.
Según reveló The Wall Street Journal, el mandatario ha pedido reducir el énfasis en operativos amplios y altamente visibles, que han generado polémica tanto dentro como fuera del país. En su lugar, busca priorizar la deportación de inmigrantes con antecedentes criminales, intentando así moderar el impacto político de estas acciones.
El giro ocurre tras meses de operativos intensivos en varias ciudades, muchos de ellos gobernados por demócratas, donde las redadas migratorias provocaron protestas y cuestionamientos por el uso de la fuerza. Uno de los episodios más críticos ocurrió en Minneapolis, donde un operativo derivó en la muerte de dos civiles, lo que elevó la presión sobre la administración.
Además, la política migratoria ha estado marcada por controversias como el aumento de detenciones de menores y casos que han generado indignación pública, incluyendo la deportación de un bebé enfermo hacia México. Estos hechos han contribuido a un debate nacional cada vez más polarizado.
El cambio de postura también coincide con movimientos internos en el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tras la salida de la secretaria Kristi Noem, cuya gestión fue criticada por el endurecimiento de las redadas. En su lugar, se evalúan perfiles que impulsen una estrategia más coordinada y menos confrontativa.
En paralelo, el financiamiento del DHS permanece suspendido desde febrero debido a disputas en el Senado, donde legisladores demócratas exigen mayores controles sobre las actuaciones de los agentes migratorios. Entre las propuestas se incluyen prohibiciones para que los agentes operen con el rostro cubierto y la exigencia de autorizaciones específicas para realizar detenciones o ingresar a viviendas.
Las tensiones entre republicanos y demócratas han dificultado cualquier acuerdo, mientras crecen las presiones para reformar el sistema migratorio. En este contexto, también han cobrado impulso iniciativas para proteger a beneficiarios del programa DACA, que ampara a jóvenes inmigrantes que llegaron al país siendo niños.
El reconocimiento de Donald Trump marca un punto de inflexión en su discurso, especialmente considerando que la deportación masiva fue una de sus principales promesas de campaña. Sin embargo, el ajuste de estrategia sugiere que la Casa Blanca busca equilibrar su política migratoria ante el costo político y social que han tenido algunas de sus medidas.
Fuente: The Wall Street Journal
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