Este 24 de febrero se cumplen tres décadas del derribo de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate, un hecho que marcó profundamente las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y dejó cuatro víctimas fatales. A 30 años de lo ocurrido, el caso continúa siendo símbolo de impunidad para muchos dentro y fuera de la isla.
La tarde del 24 de febrero de 1996, aviones de combate de la Fuerza Aérea cubana interceptaron y destruyeron en aguas internacionales del Estrecho de la Florida dos aeronaves Cessna 337 pertenecientes a la organización humanitaria fundada por José Basulto. Las avionetas participaban en misiones de búsqueda y rescate de balseros y, en meses previos, habían lanzado sobre Cuba copias de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En el ataque murieron Mario Manuel de la Peña (24 años), Carlos Alberto Costa (29), Armando Alejandre Jr. (45) y Pablo Morales (29). Todos eran ciudadanos estadounidenses de origen cubano, salvo Morales, cubano residente en Estados Unidos que se había sumado como voluntario tras haber sido rescatado anteriormente por la propia organización.
Hermanos al Rescate había realizado más de 1.800 misiones y contribuido al salvamento de miles de personas que intentaban escapar de la isla en frágiles embarcaciones. Sus archivos históricos fueron posteriormente depositados en la Colección del Patrimonio Cubano de la Universidad de Miami.
Meses después del derribo, en entrevista con el periodista Dan Rather de CBS, Fidel Castro asumió la “responsabilidad” por las órdenes generales que condujeron a la destrucción de las aeronaves. En aquel momento, el ministro de las Fuerzas Armadas era Raúl Castro, señalado como figura clave en el diseño y ejecución operativa de la acción militar.
La desproporción técnica fue evidente. Las Cessna 337 eran avionetas civiles, ligeras y desarmadas, con una velocidad máxima cercana a los 320 km/h. En contraste, los MiG-29 y MiG-23 utilizados por la aviación cubana podían superar los 2.000 km/h y estaban equipados con misiles aire-aire. Dos de esas aeronaves dispararon proyectiles térmicos que impactaron directamente contra las avionetas.
Uno de los pilotos vinculados a la operación fue Luis Raúl González-Pardo Rodríguez, quien años después ingresó a Estados Unidos bajo parole humanitario y actualmente enfrenta procesos migratorios por presuntas falsedades en su declaración ante autoridades. Otros oficiales también participaron en la misión, bajo la estructura de mando de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (DAAFAR).
El derribo provocó condenas internacionales y dio paso a un endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba, incluida la aprobación de la Ley Helms-Burton. Sin embargo, para los familiares de las víctimas, la dimensión política nunca sustituyó la pérdida personal ni resolvió la demanda de justicia.
Treinta años después, nuevas generaciones de cubanos apenas conocen los detalles de aquel episodio. Recordarlo implica revisar no solo un hecho militar, sino también el contexto de confrontación y las decisiones que llevaron a emplear fuerza letal contra aeronaves civiles.
El 24 de febrero de 1996 permanece como una fecha dolorosa en la memoria del exilio y como uno de los momentos más tensos en la historia reciente entre ambos países. Para muchos, la justicia plena sigue siendo una asignatura pendiente.
Fuente: Martí Noticias
Estados Unidos retendrá todos los pasaportes que hayan sido gestionados de esta manera
Hace 21 horas
Sofía Vergara desata duelo viral entre Cuba y Colombia desde una taza de café en Miami
Hace 23 horas
Manolín, el Médico de la Salsa, critica al régimen y la restricción de libertades en Cuba
Hace 1 día