Una cubana denuncia una decisión arbitraria implementada en la ciudad de Palmira dentro de la provincia de Cienfuegos.
La internauta asegura que entre las “mentes pensantes” de las oficinas del gobierno local, ahora se decidió que las personas no pueden vender en sus portales y la persecución se ha volcado hacia eso, no hacia otros problemas realmente acuciantes de la sociedad en la isla.
“Ya van dos ocasiones que mi madre sale al pueblo y regresa deprimida. Yo pensé que era por los precios altos (también), por lo feo que está, despintado y sucio (también), pero lo que más la ha hecho caer en un desánimo que dura días es que a todos los comerciantes les han quitado el privilegio de ofertar su mercancía en sus propios portales. Ya lo sabía pero hoy lo constaté con mis propios ojos”, explica la cubana a través de una publicación en Facebook.
“El arte de vitrinear más que una costumbre, es una necesidad humana. Comprar, aunque sea un tubo para un desagüe, es un arte. Palmira lastimosamente no se distingue por sus comercios, pero ahora se distinguirá mucho menos porque a alguien se le ocurrió que nadie puede vender en los portales”, reclama.
La cubana defiende el derecho de las personas a utilizar sus portales, propiedades privadas, en los que deseen.
“En Palmira no hay vitrinas, hay portales, y son particulares. Luego vienen las amplias aceras. Eso distingue al pueblo. Lógicamente lo que la persona que mandó a hacer esto no tiene ni la más remota idea de lo que es el comercio, ni de fomentarlo. Las compras son el deporte más popular del ser humano. Aunque no siempre lo reconozcamos”, dice.
En su denuncia invita a investigar la que ahora es una problemática cuando podría ser un hecho normal de la idiosincracia local.
“Señores, hay que investigar para tomar una decisión que afecta al pueblo. Hay miles de graduados de Estudios Socioculturales que tienen habilidades de diagnóstico para, como dice el periódico, que por cierto son palabras de José Martí, "estudie su situación... examine sus males... y los remedie". En las principales ciudades del mundo e incluso en los pueblitos más insignificantes, el vitrineo es un paseo fascinante y cada comerciante se esfuerza por hacer más atractivo su negocio”, agrega.
En todo caso, si el gobierno local tiene ganas de prohibir, la internauta enumera algunas cosas que podrían tener en cuenta: ¡¡Ah! ¿quieres prohibir? Bueno prohíbe por ejemplo bebidas alcohólicas a menores, prohíbe el reguetón escandaloso, prohíbe decibeles mayores que molestan al vecino de al lado, pero déjale al comerciante crear, inventar, exhibir su mercancía y así le das vida a un pueblo, porque la vida no es una imagen fija sino en movimiento, y en los comercios nos enseñan los cambios con la visión periférica mientras caminamos sin darnos cuenta de lo que el cerebro está registrando”, concluye su denuncia.
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