Foto: Diario de Cuba
La élite gobernante de Cuba se enfrenta a una de sus pruebas más difíciles en décadas, marcado por la pérdida del control de los recursos venezolanos, en especial los energéticos, justo cuando la isla atraviesa la que muchos describen como su crisis socioeconómica más grave desde 1898 y política desde 1959. Así lo afirmó el politólogo cubano Juan Antonio Blanco, en un análisis que ha circulado en medios como Diario de Cuba en los últimos días.
Blanco señala que la caída del régimen de Nicolás Maduro y el impacto de la ofensiva estadounidense en Venezuela han debilitado aún más la posición del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su capacidad de sostener políticamente el statu quo. En respuesta, el PCC ha convocado plenos extraordinarios de los comités provinciales, presididos por el gobernante Miguel Díaz‑Canel y el secretario de Organización Roberto Morales Ojeda, con el objetivo de “reflexionar sobre el papel de la organización” frente a lo que describen como un “escenario complejo”.
La nota oficial difundida por medios estatales describe estos encuentros como espacios para diseñar estrategias que aborden áreas como la defensa de la patria, la estabilidad del sistema eléctrico, la producción de alimentos y la mejora de servicios a la población. También se informó que el XI Pleno del Comité Central decidió posponer el 9no Congreso del PCC para concentrar esfuerzos en estas prioridades, reiterando como causas de las dificultades externas el “recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos y nuestras propias insuficiencias”.
Para Blanco, sin embargo, estas maniobras no responden tanto a una solución real como a una estrategia de propaganda y control político. El politólogo ha descrito a la élite cubana como un grupo de oligarcas corruptos, más centrados en administrar negocios estatales en quiebra que en ofrecer propuestas viables al pueblo o a actores internacionales como Washington. Según él, la pérdida de un pilar clave como la alianza con Caracas deja al régimen sin “nada que ofrecer” a Estados Unidos salvo la renuncia a representar un peligro para su seguridad nacional, lo que implicaría, en su visión, una salida pacífica del poder por parte del gobierno cubano.
Blanco también ha destacado el impacto psicológico que la captura de Maduro ha tenido entre los líderes cubanos, planteando que pueden dividirse entre quienes apuestan por la rigidez y quienes optan por adaptarse para salvaguardar sus intereses básicos. Esto, afirma, pone de manifiesto la falta de una propuesta política o económica sólida capaz de enfrentar la crisis estructural que vive la isla.
El contexto internacional también magnifica estas tensiones. Tras la operación que llevó a la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, líderes de Estados Unidos han destacado que la política hacia Cuba podría verse afectada de manera significativa, mientras que Cuba se enfrenta a una reducción drástica de los envíos de petróleo venezolano, una de sus principales fuentes de energía durante años.
En medio de este clima de inestabilidad, la élite cubana intenta consolidar su narrativa interna y mantener cohesión política frente a la población, aunque críticos dentro y fuera de la isla consideran que estas medidas son más reactivas que transformadoras, y que la verdadera prueba será la capacidad del régimen para adaptarse a un entorno geopolítico y económico que se ha vuelto mucho más hostil que en décadas recientes.
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