Para la profesora e intelectual Alina Bárbara López Hernández, el día 18 no es una fecha cualquiera. Es un espacio simbólico y cívico donde se cruzan la reflexión, la coherencia personal y el compromiso con el país que sueña. No se trata de un gesto aislado, sino de una práctica consciente, repetida, que convierte el espacio público en escenario de pensamiento y acción ética.
Ese día, como ella misma relata, salió pese al clima adverso: “Huyendo del frío de la mañana, al final tuve que salir con una llovizna leve, nada que el paraguas de Lili no resolviera”. La imagen es sencilla, casi cotidiana, pero marca una constante: no hay comodidad que excuse la renuncia a la responsabilidad cívica.
En el Parque de la Libertad, con pocas personas y algunos turistas, el gesto adquiere aún más fuerza por su sobriedad: no busca multitudes, busca coherencia. "Allí recibí la alegría del abrazo de una amiga poeta, auténtica como pocos, que pasó a saludar. Como le había dicho a la joven instructora que el mes pasado me incautó el cartel en que pedía la libertad para los presos políticos, hoy llevé uno de mayor tamaño. Esta vez decía: ´amnistía´, que es la forma técnica en que podría concretarse esa aspiración de tantos a qué se abran las prisiones y salgan en libertad nuestros compatriotas.
Allí estuvo el cartel un rato a los pies de la estatua de la mujer rompiendo sus cadenas. Mejor lugar, imposible".
El cartel que llevó esta vez no fue casual. No es solo una consigna moral, es una demanda política expresada en el lenguaje de la ley porque, como ella defiende, conocer las reglas del propio sistema también es una forma de defensa.
La imagen es potente: la historia, el presente y el reclamo se funden en un mismo punto, recordando que la libertad no es un concepto abstracto, sino una tarea pendiente.
Para Alina, el día 18 también es un ejercicio pedagógico. Desde su formación como historiadora y su experiencia docente, insiste en la importancia del conocimiento legal como herramienta ciudadana: “Tener una información elemental sobre aspectos constitucionales y técnico-legales es una ventaja tremenda para defendernos ante un interrogatorio manipulador”. Su llamado no es a la confrontación ciega, sino a la lucidez, a pasar “de la defensiva a la ofensiva” cuando se domina el propio terreno jurídico.
Pero no todo es técnica. Hay también una raíz ética profunda que se remonta a su origen: “No tengo miedo, he llegado a un punto en que le temo más al futuro que al presente”, afirma y recuerda su crianza en un barrio popular de Jovellanos, donde aprendió “ciertos códigos sobre el respeto y la dignidad”. Por eso asume, sin dramatismo, una filosofía directa: “el que tenga miedo a morir, que no nazca”.
El día 18, entonces, no es solo protesta; es testimonio, es clase pública, es recordatorio de que la ciudadanía no se delega. Además, no se vive en soledad. Ella misma lo subraya: “Hoy muchos compatriotas estuvieron en acciones cívicas en diferentes provincias de Cuba y en diferentes países”. Es una red dispersa, pero conectada por un mismo anhelo: “una mejor Cuba, por el cese de la exclusión y por la libertad de nuestra gente”.
Así, para la profesora, el día 18 se convierte en una fecha donde el pensamiento se hace gesto, la historia se vuelve presente y la dignidad se ejerce, no se proclama. Un día en el que la plaza se transforma en aula, y la ciudadanía, en lección viva.
Del perfil de Prof. Alina Bárbara Hernández López
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