El piloto y exmilitar cubano Orestes Lorenzo Pérez, conocido por su audaz fuga de Cuba en un avión de la Fuerza Aérea y su retorno para rescatar a su familia, ha generado atención con una nueva reflexión sobre las razones detrás de la alta mortandad de tropas cubanas durante la reciente operación estadounidense en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro.
Desde Miami, a través de su cuenta en Facebook, Lorenzo explicó por qué, en su opinión, los 32 militares cubanos fallecidos no pudieron enfrentarse eficazmente a fuerzas bien equipadas durante la acción coordinada por Washington.
Lorenzo sostiene que el entrenamiento de las fuerzas cubanas históricamente se ha centrado en funciones internas, como el control de protestas y la represión de la disidencia civil, no en combate contra adversarios tecnológicamente avanzados o bien preparados. Según él, ese enfoque deja a los soldados cubanos en desventaja cuando se enfrentan a una fuerza profesional con superioridad en logística, inteligencia y armamento.
“El entrenamiento que recibieron estaba orientado a reprimir, no a enfrentarse a un enemigo armado y organizado”, escribió Lorenzo, subrayando que, aunque los militares cubanos pueden tener disciplina y coraje, no estaban preparados para una confrontación de nivel militar real comparable a la de las unidades estadounidenses.
Este punto de vista ha provocado debate en redes sociales sobre las diferencias doctrinales y operativas entre las fuerzas castrenses y las que planearon y ejecutaron la operación en Caracas. Expertos citados por analistas comparan la formación de soldados cubanos, tradicionalmente enfocada en tareas internas, con el entrenamiento táctico integral de unidades especiales de Estados Unidos, que incluye simulaciones detalladas y preparación con información de inteligencia específica antes de misiones complejas.
Las autoridades cubanas informaron oficialmente que los 32 fallecidos eran miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, desplegados en Venezuela en funciones de seguridad y defensa en coordinación con el régimen de Maduro. Cuba además declaró dos días de duelo nacional por los muertos y destacó que cayeron “cumpliendo con su deber con dignidad y heroísmo” durante la operación.
Los nombres y rangos de los fallecidos —que incluyeron oficiales de diversas jerarquías— revelan que no fue un grupo improvisado ni exclusivamente de muy baja graduación, sino personal con años de servicio, lo que hace que el contraste entre capacidades doctrinales y las exigencias de un enfrentamiento de alta intensidad sea aún más llamativo para analistas y críticos.
El análisis de Lorenzo pone de relieve, en definitiva, las limitaciones estructurales y de preparación que, según él, caracterizan a la milicia cubana ante escenarios de combate real, en un contexto en el que la cooperación militar entre Cuba y Venezuela había sido tradicionalmente discretamente significativa pero poco discutida públicamente.
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