Desde julio de 2021, Wilber Aguilar Bravo ha dedicado su vida a defender a los presos políticos en Cuba, una labor que él compara con los tribunos de la antigua Roma, quienes defendían al pueblo ante los poderes establecidos. Según la profesora e historiadora Alina Bárbara López Hernández, Wilber lucha incansablemente “ante esos que están allá arriba”, buscando justicia y visibilizando las historias de quienes han sido perseguidos por sus ideas o participación en manifestaciones.
Uno de los casos más emblemáticos es el de su hijo, Walnier Aguilar, un joven con discapacidad intelectual diagnosticada desde la niñez, que fue condenado a varios años de prisión por presuntamente grabar y observar las manifestaciones del verano de 2021 en el barrio de La Güinera, en La Habana. Walnier tiene dos hijas pequeñas que han crecido lejos de él y una familia que, según López Hernández, ha visto destruido su pequeño universo por las represalias del régimen.
La situación se complica por las medidas de castigo hacia Wilber y su familia: visitas suspendidas, amenazas, coacción y el traslado de Walnier a una prisión en Sancti Spíritus, lo que encarece los viajes y limita los recursos de una familia ya de por sí vulnerable. La profesora López Hernández hace un llamado a la ciudadanía y a organismos internacionales para que se apruebe una amnistía general y sin condiciones que beneficie a todos los presos políticos cubanos, resaltando que “cada familia truncada es un recordatorio del costo humano de estas detenciones”.
Otro caso citado por López Hernández es el de Luis Manuel Otero Alcántara, líder del Movimiento San Isidro, quien fue arrestado en múltiples ocasiones por protestar y crear arte crítico contra el régimen. Su encarcelamiento también ha generado un impacto profundo en su familia y ha sido un símbolo de la represión cultural y política en Cuba, especialmente durante los acontecimientos de julio de 2021.
Estas historias evidencian el costo humano y social de las detenciones políticas en la isla, afectando no solo a los propios presos, sino también a sus familiares, que enfrentan aislamiento, amenazas y dificultades económicas y emocionales mientras buscan justicia y libertad.
Fuente: Profesora e historiadora Alina Bárbara López Hernández
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