La discusión sobre la imagen del régimen cubano y su narrativa histórica ha vuelto a tomar relevancia tras declaraciones del periodista oficialista Oliver Zamora, difundidas recientemente en medios estatales y analizadas por el periodista Javier Díaz.
Según Díaz, los mensajes emitidos por voces del oficialismo reflejan una intensificación de la estrategia comunicacional del Gobierno dirigida tanto al público interno como a audiencias internacionales ante lo que perciben como desafíos geopolíticos y mediáticos.
En su análisis, Díaz —periodista con amplia presencia en plataformas independientes— señaló que la utilización de figuras mediáticas como Oliver Zamora trasciende lo informativo para convertirse en vehículo de una narrativa política oficial, la cual según Díaz, no solo busca reforzar la imagen de la Revolución cubana como un proceso legítimo y vigente, sino también presentar al liderazgo histórico —incluido Fidel Castro— bajo una óptica renovada, incluso con comparaciones implícitas con personajes mediáticos que evocan rasgos visuales o gestuales similares, con el objetivo de condicionar la percepción pública.
“El discurso oficial parece preparado para confrontar futuras revelaciones o críticas sobre el pasado y el presente del régimen, especialmente ante posibles narrativas que podrían surgir desde figuras como Maduro o líderes de la diáspora cubana en el exterior”, comentó Díaz, al tiempo que advirtió sobre lo que considera una monetización política de símbolos históricos para mantener la cohesión del relato revolucionario.
Oliver en la mesa redonda expresó : "...esto juego de las amenazas de agresion a cuba ya lo hemos jugado y esto es una revolucion verdadera..."
Las recientes declaraciones de Zamora incluyen referencias a amenazas externas y escenarios hipotéticos de agresión, incluyendo el debate sobre una posible intervención militar extranjera, un tema recurrente en la retórica oficial desde hace décadas, aunque sin indicios de acción armada directa contra la isla. Este tipo de argumentos han sido utilizados históricamente por el régimen para justificar la necesidad de mantener un fuerte control interno y una política exterior alineada con aliados geopolíticos tradicionales.
Para Javier Díaz, el uso de estas figuras y discursos “no es casualidad”, sino parte de un esfuerzo por resignificar el legado histórico y consolidar una imagen cohesionada del modelo político cubano, a pesar de las crecientes tensiones económicas y sociales que enfrenta el país. Asimismo, indicó que esta estrategia mediática busca neutralizar críticas externas y preparar el terreno ante eventuales revelaciones o presiones internacionales sobre el pasado político cubano.
Analistas independientes coinciden en que la gestión de símbolos históricos y la construcción de narrativas oficiales constituyen una herramienta central en la política comunicacional del régimen, especialmente ante un contexto global cada vez más polarizado y competitivo en términos de influencia ideológica.
Crédito: Javier Díaz y La Kinkalla TV.
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