El Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, se vio impedido de celebrar la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro debido a restricciones de seguridad impuestas por Israel. La Casa Blanca calificó la medida como un “desafortunado abuso de poder”, mientras líderes internacionales, incluido el presidente francés Emmanuel Macron, expresaron su apoyo al Patriarca y a la comunidad cristiana en Tierra Santa.
La celebración del Domingo de Ramos en Jerusalén, uno de los eventos más emblemáticos de la Semana Santa, se vio marcada este año por una controversia diplomática y religiosa. El Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, junto con tres sacerdotes, fue detenido por la policía israelí al intentar acceder a la Iglesia del Santo Sepulcro para una misa privada, según informó el Patriarcado. Las autoridades alegaron que la restricción obedecía a directrices del Comando del Frente Interno, que limitan cualquier reunión a 50 personas por motivos de seguridad.
El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, criticó la decisión en redes sociales, calificándola como un “desafortunado abuso de poder”. Huckabee señaló que los representantes de la Iglesia Católica estaban muy por debajo del límite de aforo impuesto y que la medida afectaba de manera desproporcionada a la comunidad cristiana, mientras que sinagogas y mezquitas cumplen con las mismas restricciones sin inconvenientes.
“Que se le prohíba al Patriarca la entrada a la iglesia el Domingo de Ramos para una ceremonia privada es difícil de comprender o justificar”, afirmó Huckabee, destacando la importancia de permitir la celebración de la Semana Santa de manera segura y respetuosa. La cancelación de las tradicionales procesiones y misas se sumó a la preocupación de la comunidad internacional, que considera estas prácticas parte esencial de la herencia cultural y religiosa de Jerusalén.
El presidente francés, Emmanuel Macron, también se pronunció en un comunicado multilingüe expresando su solidaridad con Pizzaballa y los cristianos de Tierra Santa. “Apoyamos al Patriarca Latino de Jerusalén y a todos los cristianos a quienes se les impidió celebrar la misa dominical del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro”, destacó Macron, subrayando la relevancia de proteger los derechos religiosos en la ciudad histórica.
Mientras tanto el presidente español Pedro Sánchez, en su cuenta de X, pide a Israel que "respete la diversidad de credos y el derecho internacional".
El incidente ha generado un amplio debate sobre el equilibrio entre seguridad y libertad religiosa en Jerusalén, especialmente durante la Semana Santa, un periodo en que miles de peregrinos acuden a la Ciudad Vieja. A pesar de las tensiones, el Patriarcado aseguró que está dispuesto a colaborar con las autoridades israelíes para garantizar la realización de futuras celebraciones de manera segura.
Este episodio evidencia cómo incluso gestos religiosos privados pueden convertirse en foco de tensiones políticas y diplomáticas, recordando que Jerusalén sigue siendo un lugar donde la fe y la política están profundamente entrelazadas, y donde la protección de los derechos religiosos permanece bajo constante escrutinio internacional.
Fuente: Ok Diario
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