Un apagón en La Habana (Cuba). EFE/ Felipe Borrego
Cuba se prepara para otra jornada de prolongados apagones este domingo, con una afectación que podría alcanzar hasta el 70 % del país durante el horario de mayor demanda, mientras la crisis del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) continúa agravándose.
La situación llega pocos días después de que la red eléctrica nacional sufriera una nueva caída total que dejó a la Isla durante horas sin servicio. El colapso fue el séptimo de este tipo registrado en lo que va de año, además de varios fallos parciales que han complicado aún más la generación de electricidad.
Según información difundida por la agencia EFE, la Unión Eléctrica (UNE) estima que durante el horario pico de este domingo la capacidad disponible será de apenas 1.015 megavatios (MW), frente a una demanda máxima calculada en 3.250 MW.
La diferencia entre la generación disponible y las necesidades del país alcanza así los 2.235 MW, mientras que la afectación prevista para evitar un colapso mayor de la red asciende a 2.265 MW.
El deterioro de las condiciones del SEN se refleja también en el número de unidades generadoras fuera de servicio. Siete de las 16 unidades termoeléctricas del país permanecen paralizadas debido a averías o trabajos de mantenimiento.
Las termoeléctricas aportan aproximadamente el 40 % de la generación nacional y funcionan fundamentalmente con crudo producido en Cuba. A esto se suma la situación de los grupos electrógenos y motores de generación, que también representan alrededor del 40 % de la matriz eléctrica y dependen principalmente de diésel y fueloil importados.
El resto de la generación procede del gas y de fuentes renovables, entre ellas la energía solar, cuyo desarrollo ha recibido apoyo de China.
La escasez de combustible se ha convertido en uno de los principales factores que agravan la crisis, pero no constituye el único problema. Décadas de falta de inversiones, mantenimiento insuficiente y envejecimiento de las centrales termoeléctricas han dejado al sistema en una situación de extrema fragilidad.
En La Habana, los apagones han llegado a superar las 20 horas consecutivas, mientras desde diferentes provincias se reportan períodos aún más prolongados sin electricidad.
Las consecuencias trascienden el ámbito doméstico. La falta de electricidad paraliza comercios, pequeñas empresas, industrias y servicios, dificulta la distribución de alimentos y agua y profundiza el deterioro de una economía que ya acumula una contracción cercana al 15 % entre 2020 y 2025.
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