El Padre Alberto Reyes Pías, sacerdote católico cubano y columnista de la diócesis de Camagüey, reconoce hoy en su serie "He estado pensando..." , el contraste entre la alta política internacional y el dolor cotidiano de los cubanos. El clérigo argumenta que las discusiones diplomáticas y batallas mediáticas en la ONU contrastan dramáticamente con el hambre, la escasez de medicinas y la pobreza extrema que vive el pueblo de a pie, señalando que la crisis actual es el resultado de un sistema político centrado en conservar el poder a costa de la dignidad de sus ciudadanos.
Reyes Pías contrapone los choques diplomáticos en la ONU con la dolorosa realidad que vive la población en la isla, marcada por el hambre, la falta de medicinas y la desesperación de los más vulnerables.
En medio del debate público y las agendas diplomáticas internacionales, la cotidianidad del pueblo cubano discurre por una senda de carencias extremas y sufrimiento desatendido. Así lo ha denunciado el sacerdote Alberto Reyes Pías en su reflexión número 181, en la que contrapone las tensiones políticas con la realidad social que palpa a diario en sus comunidades.
Para el religioso, el escenario global dista mucho de la vivencia cotidiana en la isla: «Ha sido noticia esta semana el bochornoso incidente ocurrido en la Asamblea General de Naciones Unidas, protagonizado por la delegación cubana, encabezada por el canciller Bruno Rodríguez, y el embajador norteamericano ante la ONU Mike Waltz. Pero esa es sólo una parte de la ecuación».
Al otro lado de esa ecuación se encuentran los rostros de la vulnerabilidad extrema. Reyes relata casos estremecedores que ilustran el grado de desesperanza acumulado: «En la otra parte está una mujer que te confiesa, bajando la vista hasta el abismo, que ha tenido que robar para alimentar a su hijo. Y otra que viene a pedir comida mientras te dice entre lágrimas que ella nunca pensó que tuviera que mendigar. Y otra más que vivía sola, con su hija síndrome de Down, sostenida por la caridad pública, y que en un acto de desesperación total le quitó la vida a su hija antes de suicidarse».
La crisis afecta transversalmente a todos los sectores de la población, desde la infancia hasta la vejez, agravada por la falta de insumos médicos y servicios básicos.
«En la otra parte están los asmáticos que se asfixian entre la falta de medicamentos y la desesperación, los enfermos de cáncer sin acceso a tratamiento, los ancianos con techos que no frenan la lluvia y con estómagos donde impera el hambre. En la otra parte están dos niños de un pueblo de mi Esmeralda profunda, que con 9 y 11 años ven como algo normal hacer y cuidar un horno de carbón, para tener dinero con que comprarse lo que su familia no puede darles, sin sospechar siquiera que se les está apagando la infancia», señala el sacerdote, recordando además a «aquellos que se atrevieron a alzar la voz en las calles y hoy viven en el silencio eterno de las cárceles».
Reyes insiste en que las disputas retóricas ensordecen el clamor ciudadano: «Hay mucha gente al otro lado de la ecuación, gente a la que nadie mira, porque cuando la prioridad es gritar más fuerte que el adversario, es imposible escuchar el sufrimiento de todo un pueblo. Y así, mientras se intentan cumplir agendas políticas ante las cámaras, millones de cubanos necesitan electricidad, alimentos, medicinas, libertad y esperanza, necesidades que no serán solucionadas con ninguna victoria mediática».
El presbítero concluye con una severa crítica al modelo político vigente y al escepticismo sobre las soluciones externas: «Porque lo triste, lo doloroso de todo esto, es que el pueblo cubano sigue sin importarle a nadie. La “Revolución” nunca se hizo “por el pueblo y para el pueblo”, eso fue lo que nos vendieron, pero no era verdad.
Para la “Revolución” el pueblo nunca fue una prioridad, y lo qué más hiere es que todos sabemos que si mañana se pusiera fin al embargo, la situación del pueblo seguiría igual, o tal vez peor, porque este gobierno está viciado, y ni quiere ni puede permitir que el pueblo prospere, porque toda mínima prosperidad del pueblo implica una pérdida de poder, implica una posibilidad de que la gente se anime a reclamar sus derechos, y ese sería el inicio de la libertad, el camino de la democracia, es decir, de la senda prohibida».
Finalmente, marca la pauta de lo que considera la única vía de restauración nacional: «La verdadera defensa de Cuba comenzará cuando la dignidad del cubano de a pie importe más que el orgullo de cualquier gobierno, cuando la verdad no sea considerada una amenaza y cuando el objetivo deje de ser una estadística para intentar abofetear al enemigo».
Fuente: Padre Alberto Reyes
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