La crisis del abastecimiento de agua en Cuba ha obligado a numerosas familias a buscar soluciones por su cuenta ante la incapacidad de las autoridades para garantizar un servicio estable. En Las Tunas, la perforación de pozos artesanales se ha convertido en una alternativa cada vez más extendida, pese a los elevados costos y los riesgos sanitarios que implica.
Un reportaje publicado por el oficialista Periódico 26 revela que en el municipio de Jesús Menéndez alrededor del 90 % del agua que abastece a las viviendas procede de pozos domésticos. La sequía recurrente y la escasa cobertura de las redes de acueducto han convertido estas excavaciones en un recurso esencial para numerosos hogares.
La necesidad de encontrar agua también ha disparado la demanda de poceros, trabajadores especializados en excavar hasta alcanzar las reservas subterráneas. Según el medio provincial, construir un pozo en determinadas localidades puede costar entre 70.000 y 80.000 pesos cubanos, aunque algunos superan los 100.000, dependiendo de la profundidad y las características del terreno.
Estos precios representan una carga considerable para las familias que deben destinar parte de sus ingresos a resolver una necesidad básica que debería estar garantizada mediante los servicios públicos.
La proliferación de pozos refleja cómo los ciudadanos recurren a alternativas particulares para enfrentar las deficiencias del sistema estatal de abastecimiento. En lugar de depender exclusivamente de una red de acueductos que no responde a sus necesidades, muchos hogares buscan agua bajo sus propios terrenos y asumen los gastos de construcción y mantenimiento.
El problema no se limita a la inversión económica. En el norte de Las Tunas, algunas zonas afrontan dificultades adicionales por la salinidad del agua subterránea, lo que complica su utilización doméstica.
Además, la excavación sin suficiente asesoramiento técnico puede generar riesgos relacionados con la calidad del agua y las características del suelo. La ubicación de los pozos y las condiciones de las fuentes subterráneas son factores importantes para evitar la contaminación.
La situación evidencia las consecuencias de años de dificultades en la infraestructura hidráulica y de la falta de soluciones capaces de garantizar un suministro regular a la población. La construcción de pozos, una práctica tradicional en las zonas rurales, vuelve a ganar terreno ante la inestabilidad del servicio.
Aunque el reportaje oficialista presenta el oficio de pocero como una tradición que merece recuperarse, la creciente dependencia de estas excavaciones también expone una realidad más preocupante: miles de ciudadanos deben invertir recursos propios, asumir riesgos y buscar alternativas para conseguir agua en sus viviendas.
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