El gobierno de Donald Trump reconoció que la lista oficial que presentaba a miles de migrantes como lo “peor de lo peor” está plagada de errores. Lo que fue promovido como una vitrina pública para exhibir a supuestos criminales peligrosos terminó convirtiéndose en un caso que evidencia fallas graves, estigmatización masiva y profundas injusticias.
El portal, creado por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, mostraba alrededor de 25 mil nombres junto a delitos que, según la agencia, justificaban su detención. Sin embargo, una investigación periodística reveló que muchas de las personas señaladas como responsables de crímenes graves —incluidos delitos sexuales u homicidios— en realidad enfrentaban cargos mucho menores, como multas de tránsito, posesión de marihuana o reingreso ilegal al país.
Tras hacerse pública la revisión, el propio DHS admitió que existían descripciones incorrectas en cientos de perfiles. La explicación oficial fue una “falla técnica” que habría afectado cerca del 5 % de las entradas y que, según la agencia, ya fue corregida. Pero para miles de familias el daño ya estaba hecho.
Ser incluido en una lista gubernamental que te cataloga entre los “peores de los peores” no es un simple error administrativo. Supone una condena pública anticipada, una mancha en la reputación y un riesgo real para la seguridad y el futuro de las personas afectadas. Muchos migrantes fueron expuestos con nombre, fotografía, país de origen y ciudad de arresto, alimentando una narrativa que los presentaba como amenazas extremas para la sociedad.
La entonces secretaria del DHS Kristi Noem promovió activamente el sitio junto a la Casa Blanca, reforzando el mensaje de que se estaba retirando de las calles a “criminales peligrosos”. Sin embargo, críticos señalan que gran parte de los incluidos no habían sido condenados por delitos violentos y que algunos ni siquiera tenían antecedentes graves.
El impulso por exhibir rostros y nombres fue respaldado públicamente por Trump, quien exigió mostrar cifras e identidades para reforzar su discurso de mano dura. Pero expertos en política migratoria advierten que mezclar infracciones menores con delitos graves distorsiona la realidad y socava la credibilidad institucional.
Más allá del debate político, el caso deja en evidencia el impacto humano de decisiones tomadas con fines mediáticos. Familias enteras han denunciado que sus seres queridos fueron etiquetados injustamente, enfrentando vergüenza pública, dificultades legales adicionales y una narrativa que los deshumaniza.
La admisión de errores no borra la exposición ni el estigma. Cuando el poder del Estado señala a miles como criminales peligrosos sin precisión ni garantías claras, la consecuencia no es solo un fallo técnico: es una injusticia que golpea vidas reales.
Fuente: CNN
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