El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a utilizar la red social X para enviar una señal política clara: La Habana observa con profunda inquietud el rumbo que está tomando Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y el ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta encargada. En su mensaje, Díaz-Canel afirmó haber sostenido una conversación telefónica con Rodríguez, en la que expresó “respaldo y solidaridad” y reiteró la condena a la acción militar de Estados Unidos.
Más allá del lenguaje habitual de consignas, el mensaje revela un trasfondo mucho más delicado: el temor del régimen cubano a perder uno de sus últimos grandes sostenes económicos y políticos en la región. Durante años, el chavismo ha sido un pilar fundamental para la supervivencia del sistema cubano, especialmente a través del suministro de petróleo, acuerdos de cooperación y apoyo financiero directo e indirecto.
El tono de Díaz-Canel, cargado de dramatismo y referencias a la “Patria de Bolívar y Chávez”, sugiere nerviosismo ante un escenario en el que Delcy Rodríguez podría verse obligada a replantear las prioridades de Venezuela, en medio de presiones internas, una crisis económica profunda y señales de posible acercamiento o diálogo con Estados Unidos. Para La Habana, cualquier giro pragmático en Caracas representa una amenaza directa.
En su publicación, el mandatario cubano habla de “fortalecer las históricas relaciones de hermandad y cooperación”, una frase que en la práctica equivale a un pedido explícito para que el nuevo liderazgo venezolano no cierre el grifo de los subsidios que durante años han apuntalado a la economía cubana. La isla, sumida en apagones, escasez de combustible, inflación y una crisis productiva crónica, depende en gran medida de esos apoyos para evitar un colapso aún mayor.
La preocupación de Díaz-Canel no es solo ideológica, sino profundamente material. Sin el respaldo venezolano, Cuba tendría que enfrentar con menos margen de maniobra su ya precaria situación energética y financiera. La reducción de envíos de petróleo o de acuerdos preferenciales podría traducirse en más apagones, paralización del transporte y mayor deterioro de los servicios básicos.
Además, el mensaje busca enviar una señal política: Cuba intenta influir para que Delcy Rodríguez mantenga la línea dura del chavismo tradicional y no se aleje del eje de alianzas que incluye a La Habana. En otras palabras, el régimen cubano intenta amarrar a la nueva mandataria a un compromiso que priorice la lealtad ideológica por encima de posibles salidas pragmáticas para Venezuela.
En este contexto, el tuit de Díaz-Canel no es un simple gesto diplomático, sino un reflejo de la fragilidad del modelo cubano y de su dependencia histórica de aliados externos. La incertidumbre en Caracas se traduce directamente en ansiedad en La Habana, donde el temor a quedarse sin el respaldo venezolano expone, una vez más, la incapacidad del régimen para sostenerse sin subsidios y apoyos extranjeros.
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