La producción interna de petróleo en Cuba ha caído de forma significativa en los últimos años debido, en gran parte, al envejecimiento de los pozos que llevan más de una década en explotación y a la falta de nuevos descubrimientos que la sustituyan. Aunque no existen cifras oficiales detalladas publicadas recientemente por Unión Cuba Petróleo, expertos del sector energético señalan que la producción nacional cubana es limitada y no logra cubrir la demanda interna, obligando al país a depender en gran medida de importaciones de crudo y derivados.
En condiciones normales, Cuba necesita alrededor de unos 110 000 barriles diarios de petróleo y combustibles para cubrir sus necesidades energéticas básicas, de los cuales solo una parte —unos 40 000 barriles diarios— se produce localmente, según estimaciones citadas en informes independientes. El restante volumen debe importarse para alimentar principalmente a las termoeléctricas, que son responsables de la mayor parte de la generación eléctrica en el país.
Especialistas coincidían en que para incrementar la producción sería necesario perforar un mayor número de pozos cada año, pero hasta ahora esa actividad está por debajo de lo requerido para revertir el declive de los pozos existentes. Eso significa que Cuba continúa enfrentando una disminución de su capacidad petrolera interna, un desafío estructural que limita su independencia energética y profundiza su vulnerabilidad ante cambios en el mercado internacional y sanciones externas.
Históricamente, Venezuela fue el principal proveedor de petróleo a Cuba, aportando una proporción significativa del crudo que la isla importaba, pero esos volúmenes han caído notablemente debido a problemas internos de producción y presiones geopolíticas. En 2025, diversas fuentes estiman que Venezuela exportó cifras reducidas de crudo a Cuba en comparación con años anteriores, lo que ha contribuido a la dificultad de mantener suministros constantes.
Paralelamente, México ha emergido como uno de los principales proveedores de petróleo a la isla en 2025, con exportaciones estimadas en más de 12 000 barriles diarios, superando incluso las de Venezuela en ciertos periodos y representando aproximadamente el 44 % de las importaciones cubanas de crudo durante ese año, según datos de seguimiento marítimo.
La combinación de una producción interna limitada, pozos envejecidos, baja exploración y una mayor dependencia de importaciones de países como México y Venezuela refleja una crisis energética estructural que influye directamente en la capacidad de Cuba para generar electricidad, mantener combustibles para el transporte y sostener su actividad económica general. Estas dificultades energéticas se entrelazan con los problemas económicos, como apagones frecuentes y escasez de combustibles, que siguen marcando la vida cotidiana en la isla.
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