En la Prisión de Canaleta en Ciego de Ávila, la entrega de jabas de alimentos por parte de familiares se ha transformado en lo que describen como un mecanismo de castigo y control selectivo dentro del sistema penitenciario cubano. La publicación de La Tijera detalla que este 31 de diciembre, un grupo de madres y esposas acudió al penal con la intención de entregar alimentos a sus seres queridos, pero la respuesta del Teniente Coronel Landy fue tajante: “Hoy aquí no hay jaba pa’ nadie”.
La Tijera reporta que, a pesar de la negación general, ciertos reclusos sí pudieron recibir sus jabas. La entrada selectiva de alimentos se otorgó, según el perfil, a presos cuyos familiares pagaron sobornos o a aquellos que trabajan y colaboran con las autoridades dentro de la prisión. Este patrón de trato diferencial ha sido interpretado por el perfil como un ejemplo de lo que consideran un sistema de represión, corrupción y discriminación, en el que el alimento se utiliza como instrumento de control.
La información subraya que los reclusos en la llamada Isla Cárcel enfrentan condiciones extremas de hambre, enfermedades y lo que califican como abusos sistemáticos, lo que, según la publicación, constituye una violación constante y deliberada de los derechos humanos. La situación descrita refleja la difícil realidad de los internos y la presión que enfrentan sus familias al intentar garantizarles una alimentación mínima a través de las jabas.
Además de ese episodio específico, el perfil menciona, citando fuentes de organizaciones civiles cubanas y observadores de derechos humanos en redes sociales, otros ejemplos en los que familiares han sido retenidos horas en la entrada de centros penitenciarios sin explicación oficial, o han recibido respuestas ambiguas y contradictorias de parte de oficiales cuando intentaron entregar alimentos o medicamentos.
Estos testimonios, difundidos también en intercambios públicos en Facebook, señalan que algunos militares y custodios han llegado a tratar a los reclusos con un lenguaje y un comportamiento deshumanizante, al punto de compararlos con animales por parte de denunciantes, según expresan familiares entrevistados por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH). Otras fuentes, que hablan bajo condición de anonimato por temor a represalias, sostienen que este tipo de trato responde a una cultura institucional basada en la disciplina estricta y el aislamiento, más que en el respeto a la dignidad humana.
El perfil enfatiza que estas prácticas no solo afectan la alimentación de los presos, sino que también generan división y desigualdad dentro de la población penal, premiando a algunos mientras se castiga a la mayoría, dejando ver la discrecionalidad con la que las autoridades manejan la vida diaria en la prisión.