Mientras los cubanos enfrentan apagones prolongados, escasez de alimentos, medicamentos y una profunda crisis económica, el gobierno de Miguel Díaz-Canel concentra su agenda en encuentros políticos con delegaciones extranjeras. La IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos vuelve a exhibir una brecha cada vez más visible entre las prioridades del poder y las necesidades cotidianas de la población.
La Habana vuelve a ser escenario de una paradoja que resume la distancia entre el gobierno cubano y la realidad de sus ciudadanos. Mientras buena parte de la población sobrevive entre apagones, falta de agua, escasez de alimentos y dificultades para acceder a medicamentos, Miguel Díaz-Canel recibió en el Palacio de la Revolución a los participantes de la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos.
El encuentro, que concluye hoy, reúne a 188 delegados de 27 países bajo el lema «Por el socialismo, cien años caminando con Fidel», en vísperas del centenario del nacimiento de Fidel Castro.
Ante los visitantes extranjeros, Díaz-Canel habló de resistencia, solidaridad y de una Cuba que, según sus palabras, continuará «luchando» y «venciendo». Sin embargo, esas consignas chocan con una realidad muy distinta en los barrios cubanos, donde la prioridad no es la batalla política internacional, sino conseguir electricidad, comida, agua y medicinas.
La sucesión de encuentros políticos también alimenta la percepción de que el gobierno está más preocupado por proyectar respaldo internacional que por atender la emergencia doméstica. Apenas un día antes, Díaz-Canel había participado en otro encuentro internacional de partidos comunistas y obreros, mientras que para los próximos días está previsto un nuevo coloquio dedicado a Fidel Castro.
La imagen resulta especialmente difícil de ignorar en un país golpeado por una prolongada crisis económica y energética. Los apagones se han convertido en parte de la rutina de millones de cubanos y la pérdida de poder adquisitivo ha agravado las dificultades para cubrir necesidades básicas.
En redes sociales, la reacción de muchos ciudadanos refleja esa fractura. «Para esto sí hay combustible», escribió un usuario. Otro reclamó que los visitantes «se queden a vivir en Cuba como los cubanos de a pie».
La escena del Palacio de la Revolución deja así una pregunta inevitable: ¿a quién escucha el gobierno cuando el pueblo pide luz, comida y soluciones, mientras el poder continúa celebrando actos políticos?
Fuente: Publicación de Presidencia - Cubadebate
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