Más de 500.000 personas en Puerto Rico enfrentan interrupciones programadas del servicio de agua potable debido a la intensa sequía que afecta a la isla y al descenso de los niveles del embalse Carraízo, una de las principales fuentes de abastecimiento de la zona metropolitana.
Según informó la agencia EFE, el embalse, situado en Trujillo Alto, registra un nivel inferior a los 38 metros, lo que obligó al Gobierno y a la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) a activar un plan de racionamiento.
La medida afecta a residentes y comercios de San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Canóvanas, Loíza, Gurabo y Juncos, donde existen alrededor de 183.000 abonados entre hogares y establecimientos comerciales.
El plan establece interrupciones del suministro en ciclos de 48 horas y fue dividido inicialmente en dos zonas. Mientras una recibe agua durante determinados días, la otra permanece sin servicio, con rotaciones programadas para distribuir las reservas disponibles.
La situación se ha complicado por problemas en la infraestructura. En algunas áreas el suministro no se restableció en los horarios previstos debido a una avería registrada previamente y a la necesidad de recuperar los niveles de los tanques antes de reanudar la distribución.
La sequía afecta actualmente a cerca del 80 % del territorio puertorriqueño. Algunas zonas del centro, sur y oeste han alcanzado niveles considerados extremos.
Julio fue especialmente seco. Puerto Rico registró apenas 0,54 pulgadas de precipitaciones durante ese mes, equivalente a aproximadamente el 9 % del promedio habitual y el nivel más bajo para julio desde que existen registros meteorológicos, iniciados en 1899.
Para atender las necesidades de la población, la AAA habilitó 35 puntos de distribución de agua, conocidos como oasis, en varios municipios afectados. Las autoridades también han llamado a reducir el consumo y almacenar agua de manera responsable.
Los efectos de la sequía son visibles en el embalse Carraízo, donde se han observado peces muertos en las zonas que han quedado expuestas por el descenso del nivel del agua.
El Gobierno declaró a finales de julio un estado de emergencia relacionado con el uso del agua y advirtió que el racionamiento podría extenderse a otros municipios si las condiciones meteorológicas no mejoran.
Además de Carraízo, el embalse de Cidra ya se encuentra sometido a ajustes operacionales, mientras otras cinco reservas permanecen bajo vigilancia ante la posibilidad de que también tengan que aplicar medidas similares.
Las autoridades contemplan incluso una segunda fase del plan, que reduciría aún más la frecuencia del suministro, con un día de servicio seguido de tres jornadas sin agua.
La crisis también comienza a afectar otros sectores. Las escuelas de las zonas sometidas al racionamiento operarán con jornadas reducidas durante los días afectados y no se descarta recurrir a clases virtuales si las interrupciones se prolongan.
Con los pronósticos que apuntan a condiciones climáticas desfavorables durante los próximos meses, Puerto Rico enfrenta el reto de administrar unas reservas de agua cada vez más limitadas.
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