En el panorama actual de Cuba, la crisis se percibe de manera profunda en los órganos de inteligencia, donde la falta de analistas competentes se ha vuelto evidente. Según la profesora Alina Bárbara López Hernández, conocida luchadora por los derechos humanos y libertad de los presos polìticos en Cuba, “las personas que desempeñan actualmente esa función carecen de inteligencia y capacidad; sus métodos de fuerza y prepotencia los han convertido en lo contrario de lo que debe ser un buen analista, del que se espera capacidad para el diagnóstico objetivo de escenarios con el fin de tomar decisiones significativas y pertinentes”. Esta carencia afecta directamente la capacidad del gobierno para tomar decisiones acertadas en un contexto internacional complejo y tenso.
La profesora relata experiencias que ilustran la magnitud de esta decadencia profesional. “Hace varios años conocí a una señora que fue analista durante mucho tiempo. Ya para esa etapa, 2018, estaba retirada, tenía ochenta años y escribía novelas. Me contó que renunció tras la defenestración de Abrahantes como ministro del Interior, cuando oficiales provenientes de las FAR, con métodos de ordeno y mando, escasa profesionalidad y cierto desprecio por las mujeres, llegaron a cambiarlo todo”. Este relato muestra cómo, en la práctica, el conocimiento y la experiencia han sido desplazados por la fuerza y la obediencia ciega.
La situación internacional tampoco favorece a La Habana. Tras la intervención estadounidense en Venezuela, López Hernández observa que “en las altas esferas se está reaccionando con una incapacidad asombrosa: repiten la misma secuencia de acciones, como si siguieran un viejo manual, cuando es sabido que un buen analista no debe seguir manuales, tiene que observar muy bien los cambios de escenario, sopesar opciones y actuar en consecuencia”. Mientras tanto, el gobierno venezolano actúa de manera pragmática, liberando presos políticos y cerrando acuerdos con Estados Unidos, lo que deja a Cuba aislada en su estrategia.
La profesora enfatiza que, ante esta debilidad interna y externa, el gobierno cubano debería tomar medidas audaces: “Es hora de que el gobierno cubano tenga algún gesto que aminore, en lo inmediato, tensiones internas; mejore en algo su imagen internacional, deteriorada por tantos atropellos y violaciones de derechos humanos, y le ofrezca un lapso de tiempo para barajar opciones. Y qué mejor gesto que una amnistía general a los presos políticos, e incluso a ciertos presos comunes”. Una medida de este tipo no solo sería justa, sino que también tendría un impacto positivo en la sociedad y en la percepción internacional de Cuba.
Sobre la importancia histórica de la conciliación, López Hernández recuerda que “aun en las más cruentas realidades despóticas de este país pudieron abrirse paso leyes de conciliación nacional. ¿Por qué no hacerlo ahora? Contrariamente al razonamiento oficial, una amnistía a los presos políticos no demostraría debilidad sino capacidad de diálogo”. La oportunidad de actuar con prudencia y sensatez está sobre la mesa, y depende en gran medida de la capacidad de los analistas de comprender la realidad y asesorar correctamente al gobierno.
Cuba enfrenta un momento crítico: la combinación de analistas ineficientes, tensiones internas y aislamiento internacional exige decisiones inteligentes y justas. Como concluye López Hernández, “esta puede ser una oportunidad única para que los analistas hagan bien su tarea”. La historia y la urgencia de la situación llaman a actuar con responsabilidad y visión estratégica.
Del perfil de la profesora Alina Bárbara López Hernández
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