El deterioro en Cuba ha alcanzado un punto tan alarmante que ya ni los cementerios escapan a la crisis. En Ciego de Ávila, la situación de los servicios necrológicos refleja el mismo patrón de abandono y precariedad que afecta a otros sectores del país.
Bóvedas destapadas o en mal estado constructivo, hierba alta, acumulación de basura y visibles problemas de higiene forman parte del paisaje habitual en el cementerio de la capital avileña, una imagen que, de acuerdo con reportes del periódico provincial Invasor, podría repetirse en las otras 24 necrópolis del territorio. El lugar destinado al descanso eterno también sufre el peso de la desidia y la falta de recursos.
Pero los problemas no comienzan en el camposanto. Las dificultades arrancan desde el momento mismo en que una familia pierde a un ser querido: demoras en la llegada de los carros fúnebres, cuestionamientos sobre la calidad de los ataúdes y condiciones deficientes en las funerarias. En medio del dolor, los familiares deben lidiar con carencias que no deberían existir en un servicio tan sensible.
Ante este escenario, la Dirección de Comunales ha sido reorganizada para convertirse exclusivamente en Unidad de Servicios Necrológicos, tras reconocer su incapacidad para sostener otras funciones sociales como la recogida de desechos o el barrido de calles. Sin embargo, la reestructuración no garantiza una solución inmediata.
María Julia López, subdirectora de inversiones en Comunales, explicó —según declaraciones recogidas por Invasor y en el programa televisivo local Zona Franca— que se priorizará la reconstrucción de nichos estatales y luego se realizará un censo de bóvedas particulares abandonadas. No obstante, admitió que el déficit de recursos impedirá cambios rápidos en la imagen de los cementerios.
La crisis del combustible, que afecta a todo el país, añade otro obstáculo. Sin garantía de suministro estable, mantener una reserva de ataúdes —98 disponibles al cierre del 18 de febrero— o asegurar el traslado oportuno de fallecidos se convierte en un desafío constante. Actualmente, solo cuatro de los seis carros fúnebres en la cabecera provincial están operativos, lo que obliga a depender de otras entidades para prestar el servicio.
Aunque se anuncian inversiones en la fábrica de ataúdes de Morón y la adquisición de nuevas herramientas para mejorar la terminación de las cajas, así como la posible incorporación de cinco nuevos vehículos fúnebres, la realidad muestra que las deficiencias no son recientes, sino acumulativas.
Incluso el crematorio depende del suministro de gas licuado por parte de la Unión Cuba Petróleo, lo que deja su funcionamiento sujeto a la inestabilidad energética nacional. Mientras tanto, el nuevo cementerio de la ciudad, iniciado hace más de una década, aún espera concluir obras básicas como la garita, la tapia perimetral y la iluminación administrativa, previstas ahora para 2026.
En Ciego de Ávila, como en tantas otras provincias, la crisis ya no distingue espacios. Cuando incluso los cementerios evidencian abandono, el mensaje es claro: el deterioro institucional y material atraviesa todas las esferas de la vida… y también de la muerte.
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