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“Cada vez sufrimos más y tenemos menos”: activista cuenta lo que viven los cubanos

Redacción de CubitaNOW

Sociedad, Cuba

Los cubanos llevan años sufriendo en silencio "la miseria y la tristeza" del día a día, aunque en las calles ya es perceptible la desesperanza.

"Tras mucho andar por fin llegué a mi casa, pero mi memoria hostigó mi alma que necesitaba sosiego; esta no dejó en la calle la miseria y la tristeza que grabó, y arrastrando una infinidad de males que agobian a nuestra gente nos fuimos a macondo para intentar librarme de mi indignación a causa de ver tantos espíritus contritos", confesó este viernes el activista cubano José Luis Acosta Cortellan.

"Ellos salen de sus casas para intentar resolver, gestionar, comprar, tramitar, llegar… sin más resultados que una respuesta negativa, ilógica, absurda..., que probablemente sería de las más desesperanzadas e inciertas como: 'venga mañana, no hay, se acabó, imposible, mañana tal vez...'". "Con los rostros demacrados y atemorizados divagan confundidos por las deslustradas calles del Camagüey, o forman parte de cualquiera de las angustiosas y largas colas de estas calles. Todos estos espíritus contritos parecían estar dominados por una fuerza tiránica muy superior e irresistible, que los logró manipular para que no pensaran por sí mismos".

"Una anciana con escaso vigor, no por los años, si no por hambre, no resistió la espera de su turno para adquirir unos gramos de una extraña harina horneada (supuestamente de trigo, muy rancia y con un sabor muy agrio) a lo que llamaban 'PAN' cayó desplomada al suelo, de donde los presentes, guardando un silencio casi solemne, levantaron su cadavérico cuerpo desfallecido y cubierto de andrajos, que como sus blancos cabellos quedaron sucios por el polvo de la tierra; y ni aún las miradas se atrevieron ni siquiera a insinuarse".

"A pocos metros de allí dista el Banco Nacional de Cuba (BANDEC). Una multitud irritada esperaba fuera, algunos gritaban con voz en cuello injurias contra los trabajadores del banco -'¡es un descaro lo que hay! ¡Ustedes no quieren trabajar! ¡Llevo viniendo aquí por más de una semana!' - y así por el estilo".

"Los trabajadores del banco ya no tenían argumentos, y ni una de sus absurdas respuestas lograban calmar el (tumulto) de personas que cada vez estaban más alteradas, hasta que una mujer emocionada por el acaloramiento de aquel colectivo gritó - '¡esto me recuerda el día 11 de julio!'. Inmediatamente hubo un desconcierto mientras otra mujer aprovechó la oportunidad para decir - '¡el socialismo es la cara del gobierno para maltratar al pueblo!' - y no fue hasta que un viejo caballo que tiraba de un destartalado coche que transportaba ocho personas se alejó, que el silencio de aquel lugar donde se encontraban los indignados fue total, y ni aún las miradas se atrevieron ni siquiera a insinuarse..."

Acosta contó que "lo más desgarrador no fue el resto de aquellas calamidades similares a la de la anciana o aquellas disfuncionalidades como la del banco".

"Un anciano, de cuya pobre estampa no quisiera acordarme, vendía tomates a sobre precio para ver si de ese modo lograba reunir el dinero de la multa del mes pasado, impuesta por un inspector estatal. Pues la venta estaba floja, pocos eran los que contaban con el poder adquisitivo para pagar la libra de tomates a 200 pesos la libra".

"Ya tenía la mitad del monto que necesitaba para pagar la multa, cuando de repente fue sorprendido otra vez por aquel perseguidor de carretilleros que venía de cerrar un ilegal negocio con los policías traficantes de azúcar del central de Florida, para imponer otra sanción al pobre anciano. El pavor que sintió el viejito fue como el de un condenado que le debe mucho a la muerte..."

"Cuando le entregaron el recibo de la nueva multa de 5000 pesos por vender tomates a sobre precio, cuentan que se le vio marchar a duras penas con su carretilla de verduras, diciendo - 'cada vez sufrimos más y tenemos menos' -, y que horas más tarde, su único hijo le arrancó la cabeza con un machete a aquel perseguidor de vendedores ambulantes, después de encontrar el cuerpo sin vida de su anciano padre que colgaba de una viga del techo de su casa con una soga atada al cuello".

"De la anciana solo se sabe que no alcanzó el PAN. De los del banco que tendrán que aferrarse al desesperanzado mañana".

"Y yo... con solo ir a macondo, y navegar en el piélago de mi conciencia, no me fue suficiente para liberar mi indignación, por eso he decidido esperar con paciencia en medio de esta angustiosa y larga cola de obscuridad, a que venga la luz para tener mejor conexión, para que la luz de mi sentir y el de ustedes esté con nuestro pueblo en: UN SOLO PENSAMIENTO, UN SOLO ESPÍRITU, UNA CAUSA ¡LIBERTAD!", concluyó.

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