La investigación del triple asesinato ocurrido en Santa Clara da un giro tras la cooperación de un joven señalado como vigilante del grupo delictivo. Su testimonio apunta a una acción planificada y podría ser clave para esclarecer cómo se ejecutó el crimen que conmocionó a la comunidad.
El caso del triple asesinato de la familia Lam en la ciudad de Santa Clara ha entrado en una nueva fase luego de que un joven presuntamente vinculado al hecho comenzara a colaborar con las autoridades. Según reportes difundidos en redes sociales, el individuo habría participado como vigilante dentro de la estructura delictiva que perpetró el crimen durante la madrugada del pasado 30 de marzo.
De acuerdo con la información disponible, el suceso ocurrió en el barrio de Polipalo en medio de un apagón, circunstancia que habría sido aprovechada por los agresores para ejecutar el plan con menor riesgo de ser detectados. El testimonio del joven sugiere que su función consistía en permanecer subido a un árbol de mango cercano a la vivienda, desde donde debía alertar a los demás implicados ante cualquier movimiento sospechoso en los alrededores.
Aunque no habría ingresado directamente al inmueble ni participado en la ejecución material del asesinato, su rol lo posiciona como una pieza clave dentro de la operación. Su cooperación podría permitir a los investigadores reconstruir con mayor precisión la dinámica de los hechos y determinar responsabilidades individuales.
La información también indica que otros integrantes del grupo se ubicaron en techos de viviendas cercanas, lo que evidencia un nivel de organización previo. Esta distribución estratégica refuerza la hipótesis de que no se trató de un robo improvisado, sino de una acción cuidadosamente planificada, con tareas específicas asignadas a cada participante.
El objetivo principal del grupo habría sido encontrar una suma de dinero que, según creían, el dueño de la casa, José Lam, guardaba en una caja metálica. Vecinos señalan que Lam era conocido por vender productos de manera informal, lo que pudo haber alimentado la idea de que poseía efectivo en su vivienda.
Un elemento que llama la atención es que, pese a la violencia del crimen, no se reportó el robo de objetos personales como teléfonos móviles, lo que refuerza la teoría de que los agresores tenían un objetivo específico. Asimismo, se maneja la posibilidad de que las víctimas conocieran a alguno de los implicados, ya que resulta poco probable que abrieran la puerta en horas de la madrugada a desconocidos.
La familia, descrita por vecinos como trabajadora y tranquila, estaba compuesta por José Lam, su esposa Coralia —quien padecía una enfermedad que limitaba su movilidad— y su hija Taimí, quien asumía gran parte del cuidado del hogar.
Las autoridades continúan investigando el caso, mientras la comunidad permanece consternada por la brutalidad de los hechos. La colaboración del joven podría ser determinante para esclarecer lo ocurrido y llevar ante la justicia a todos los responsables.