A pesar de reportes oficiales sobre una reducción de casos de síndromes febriles y de enfermedades transmitidas por mosquitos en Cuba en los últimos días, el sistema de salud del país permanece bajo una fuerte presión, con indicadores que apuntan a una epidemia persistente de arbovirosis y un colapso generalizado de los servicios sanitarios.
Según datos difundidos por autoridades del Ministerio de Salud Pública, la cifra de síndromes febriles inespecíficos descendió en la última semana en comparación con el periodo anterior, y los casos de dengue y chikungunya también mostraron ligeros descensos porcentuales. Sin embargo, la viceministra Carilda Peña García señaló que los reportes oficiales solo reflejan parte de la realidad, ya que muchos enfermos no acuden a los centros médicos y el llamado “canal endémico” de fiebre sigue en niveles considerables.
Aun así, en seis provincias —incluidas Guantánamo, Las Tunas, Pinar del Río, Santiago de Cuba, Cienfuegos y Holguín— las tasas de infestación permanecen altas, con transmisión activa de dengue y chikungunya. Las autoridades también admitieron que el control no es uniforme, y que en varios municipios los casos incluso aumentaron pese a las medidas de control antivectorial.
La situación sanitaria dista de ser normal. Medios internacionales y reportes independientes han descrito el avance de estas enfermedades junto a un sistema hospitalario con recursos reducidos, largas filas de pacientes y falta de medicamentos y reactivos diagnósticos, condiciones que dificultan tanto la atención como el registro de casos.
Además, informes independientes estiman que el número real de afectados por esta crisis epidemiológica es mucho mayor de lo que reflejan las cifras oficiales, con miles de fallecidos atribuidos a la epidemia de dengue, chikungunya y otras arbovirosis combinadas, que incluyen también el oropouche.
Las causas señaladas por expertos incluyen la proliferación del mosquito Aedes aegypti, impulsada por la acumulación de basura, la escasez de agua y electricidad, y la falta de programas efectivos de fumigación. Estas condiciones ambientales y estructurales, junto con el debilitamiento del sistema sanitario, han dificultado la respuesta del Estado ante una epidemia que afecta a decenas de miles de personas en todo el país.
Mientras las autoridades hablan de tratamiento antivectorial en curso y de estrategias para mitigar la transmisión, la percepción entre la población es de un impacto continuo y profundo de estas enfermedades, en medio de la crisis sanitaria más grave que enfrenta la isla en años.