El inicio de 2026 ha estado marcado por serias dificultades para amplios sectores de la población cubana, en contraste con los mensajes oficiales que presentan el nuevo año como una etapa de avances y resultados positivos. En distintos puntos del país persisten problemas estructurales que afectan directamente la vida cotidiana de las personas, entre ellos los apagones prolongados, la falta de agua potable, el desabastecimiento de alimentos y la escasez de medicamentos.
En La Habana, una de las situaciones más críticas se vive en La Aldea, un albergue ubicado en el reparto Bahía, en el municipio Habana del Este. Este centro acoge a familias que fueron trasladadas tras los derrumbes ocurridos en edificaciones de La Habana Vieja, muchas de ellas en condiciones de alta vulnerabilidad social.
Según reportes recientes, los residentes del albergue se encuentran actualmente sin servicio eléctrico, lo que agrava las condiciones de vida dentro de la instalación. La falta de electricidad limita la conservación de alimentos, dificulta la higiene básica y afecta especialmente a niños, ancianos y personas con problemas de salud.
A esta situación se suma la escasez de agua, que obliga a los residentes a depender del suministro mediante pipas. Para obtener una cantidad mínima, las familias deben hacer largas colas, en muchos casos durante la noche o la madrugada, debido a la irregularidad del servicio. En ocasiones, apenas logran llenar un cubo por núcleo familiar, lo que resulta insuficiente para cubrir las necesidades diarias.
Estos problemas no son aislados. En otras zonas del país se repiten escenarios similares, con comunidades enteras enfrentando interrupciones eléctricas de varias horas, dificultades para acceder a productos básicos y una red de servicios públicos que opera de forma limitada. La falta de soluciones sostenibles mantiene a miles de personas en una situación de incertidumbre constante.
Organizaciones y medios independientes señalan que estas condiciones reflejan una crisis prolongada que impacta con mayor fuerza a los sectores más vulnerables, especialmente a quienes dependen de albergues estatales o viven en viviendas con deterioro estructural.
Mientras tanto, las autoridades insisten en mensajes de optimismo sobre el futuro inmediato, aunque para muchas familias el comienzo de 2026 ha significado continuar enfrentando carencias esenciales. La realidad diaria para estos ciudadanos sigue marcada por la necesidad de adaptarse, resistir y buscar alternativas ante la ausencia de servicios básicos estables.
Fuente: La Tijera News
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