El humorista Ulises Toirac se ha convertido en un diario exponente del acontecer del pueblo cubano. Este jueves, después de mediodía, escribía el comediante con un tono entre nostalgia y resignación: «¡Adiós Lolita de mi vida! Hoy a las tres y tanto la pusieron y acabo de despedirla hace sólo unos minutos». Con esta frase nos recuerda que, más allá de la política o de la economía, la vida cotidiana se desenvuelve entre pequeñas pérdidas y despedidas que se sienten gigantescas en un contexto de crisis permanente.
En su reflexión sobre la situación de La Habana, Toirac apunta al fracaso estructural del sistema eléctrico: «El régimen de oscuridad en ´la capital de todos los cubanos" ya se parece al absurdo criminal que se vive en provincia hace años». La ciudad, que concentra buena parte del movimiento económico del país, se ve atrapada en un círculo vicioso: «no hay dinero-no hay combustible-no hay luz-no se produce-no hay dinero». Este ciclo no solo ralentiza la producción, sino que profundiza la desesperanza de la población.
El autor observa que la narrativa oficial de recuperación energética no se sostiene frente a la realidad cotidiana: «A mi modo de ver, esa lógica falla en el punto de que la curva de desaceleración se pronuncia exponencialmente». En otras palabras, los pequeños avances no compensan la acelerada caída de los servicios básicos y de la calidad de vida. Para Toirac, hoy está «el doble de mal que ayer», y esta tendencia apunta a empeorar, dejando a la sociedad en un estado de fragilidad y tensión constantes.
Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación es el impacto social: «La población anda ‘obstiná’ de carestías, vicisitudes y desesperanza, viendo que no se mueve ´la bolá´ pa ningún lado». La radicalización política se coloca en primer plano mientras la vida cotidiana —esa que literalmente ´nos raspa la piel y vacía el estómago´— sigue sin encontrar soluciones ni perspectivas. Toirac subraya que no busca victimizar ni alimentar la polémica: «No estoy victimizando o echándole gasolina al fuego, la candelá va sola».
Este análisis de Ulises Toirac nos enfrenta con un presente donde el absurdo se vuelve cotidiano y donde la desesperanza amenaza con normalizarse. Sus palabras invitan a mirar más allá de las cifras o los discursos oficiales y a percibir el efecto real de las políticas y las carencias sobre la vida de las personas. El texto es, en definitiva, un testimonio de cómo la crisis estructural y la falta de soluciones inmediatas terminan moldeando la experiencia diaria de los cubanos.
Del perfil de Ulises Toirac
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