La tienda Yumurí, ubicada en la emblemática intersección de Belascoaín y Carlos III, en La Habana, permanece cerrada y en avanzado estado de deterioro desde hace muchos años, según denunció el perfil de Facebook DisA. El inmueble, que durante décadas fue un espacio comercial activo y de referencia para los vecinos de la zona, hoy es un símbolo más del abandono y la desidia institucional hacia el patrimonio urbano de la capital cubana.
De acuerdo con la publicación, el local no solo lleva años sin prestar servicios, sino que presenta visibles signos de destrucción, sin que exista información pública sobre planes de restauración, conservación o reapertura. La imagen del edificio, deteriorado y sin uso social alguno, contrasta con la importancia que tuvo en el pasado como espacio funcional y de encuentro para la comunidad.
La situación de la tienda Yumurí no es un caso aislado. Forma parte de un patrón repetido en numerosas edificaciones de La Habana y otras ciudades del país, muchas de ellas con valor arquitectónico, histórico o social. Antiguos comercios, cines, centros culturales y edificios administrativos han quedado atrapados en el abandono, sin mantenimiento adecuado y expuestos al paso del tiempo, la humedad y el deterioro estructural.
Vecinos de la zona han expresado en varias ocasiones su inconformidad ante la falta de acción del gobierno cubano, que no solo deja perder inmuebles emblemáticos, sino que tampoco ofrece alternativas de uso comunitario que beneficien a la población. Para muchos ciudadanos, esta inacción refleja una desconexión entre las autoridades y las necesidades reales de los barrios.
La ausencia de políticas efectivas de conservación y restauración ha provocado la pérdida progresiva de espacios que formaban parte de la memoria colectiva. Lugares donde generaciones compraron, trabajaron o compartieron hoy se reducen a estructuras vacías, inseguras y olvidadas.
Mientras el discurso oficial insiste en la importancia de preservar la identidad y el patrimonio, la realidad en las calles muestra lo contrario. La tienda Yumurí de Belascoaín y Carlos III se suma así a la larga lista de edificaciones que, pese a su valor funcional y simbólico, continúan deteriorándose ante la mirada pasiva de las instituciones responsables.
La denuncia del perfil DisA vuelve a poner sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿cuántos edificios más deberán perderse antes de que exista una voluntad real de rescate y conservación del patrimonio urbano cubano?
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