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Nicolás Maduro: de conducir autobús al poder absoluto en Venezuela

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 30 de agosto de 2025

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Nicolás Maduro Moros, en el poder desde 2013, es una de las figuras más controvertidas de la política latinoamericana contemporánea. Nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962, su historia parte de un origen humilde y un pasado sindicalista que lo llevó a convertirse en el heredero político de Hugo Chávez.

Hijo de un sindicalista y de una ama de casa, creció en la parroquia popular de El Valle. Estudió en el Liceo José Ávalos, aunque no completó la educación secundaria, hecho que ha sido motivo de cuestionamientos sobre su nivel académico. Su juventud estuvo marcada por su trabajo como conductor de autobuses en el Metro de Caracas y su militancia en la Liga Socialista, vinculada a ideas marxistas-leninistas.

En los años 90 se unió al Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), liderado por Chávez. Tras el fallido golpe de 1992, él y su esposa Cilia Flores fueron defensores de la liberación del entonces militar encarcelado, lo que cimentó la relación política y personal con el futuro presidente venezolano.

Con la llegada de Chávez al poder en 1999, Maduro ocupó cargos clave: fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente, diputado y presidente de la Asamblea Nacional entre 2005 y 2006. En 2006 asumió como canciller, estrechando lazos con Fidel y Raúl Castro y firmando acuerdos de cooperación en salud, educación y seguridad. Según diversas fuentes, incluso habría recibido formación política en Cuba durante los años 80.

Tras la muerte de Chávez en 2013, Maduro fue designado presidente interino y luego se presentó a elecciones, venciendo en un ajustado y cuestionado resultado a Henrique Capriles. Su gobierno se ha caracterizado por un aparato represivo contra la disidencia, crisis económica e hiperinflación, desabastecimiento de alimentos y medicamentos, y un éxodo masivo de más de siete millones de venezolanos, según la ONU.

En 2018, su reelección en unos comicios denunciados como fraudulentos provocó que más de 50 países no reconocieran su legitimidad. La creación de una Asamblea Nacional Constituyente dominada por el oficialismo despojó de poder al Parlamento opositor elegido en 2015.

Las elecciones de julio de 2024 repitieron el patrón. Maduro se proclamó vencedor pese a denuncias comprobadas de fraude, mientras el opositor Edmundo González Urrutia se autoproclamaba presidente legítimo y buscaba respaldo internacional desde el exilio en España. Estados Unidos y varios países lo reconocieron, mientras en Venezuela estallaban protestas masivas reprimidas con apoyo militar.

Durante la segunda presidencia de Donald Trump, la confrontación se intensificó. Washington acusó a Maduro de encabezar el Cártel de los Soles y ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por su captura. Venezuela respondió movilizando 4,5 millones de milicianos y desplegando una flota naval con drones y patrullas.

A pesar de sanciones y aislamiento, Maduro mantiene respaldo de aliados como Rusia, China, Irán, Turquía, Nicaragua, Colombia y, sobre todo, Cuba. Estas alianzas le han permitido sostenerse en el poder, mientras organismos internacionales documentan violaciones sistemáticas de derechos humanos, desde detenciones arbitrarias hasta torturas y desapariciones.

La combinación de caída de los precios del petróleo, corrupción y represión ha hundido a Venezuela en una crisis sin precedentes. Nicolás Maduro simboliza el caso atípico de un dirigente sin formación académica destacada que, gracias a lealtades políticas y maniobras estratégicas, consolidó un régimen señalado como dictatorial y con escaso reconocimiento internacional.


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