Rusia celebrará este año el tradicional desfile del Día de la Victoria con un formato notablemente reducido, en lo que refleja el impacto directo de la guerra en Ucrania sobre uno de los eventos más simbólicos del Kremlin. Por primera vez en años, la Plaza Roja no verá el despliegue de tanques, misiles ni columnas mecanizadas, elementos habituales en esta conmemoración.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó que el acto del 9 de mayo se limitará principalmente a la participación de tropas a pie y personal de academias militares. La exclusión del armamento pesado responde, según Moscú, a la “situación actual de las operaciones militares”, una referencia directa al conflicto en Ucrania.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, insistió en que el desfile no será suspendido, pero sí adaptado a un contexto de mayor riesgo. Las autoridades rusas han señalado la amenaza de ataques como uno de los factores clave para reducir la magnitud del evento, en medio de una guerra que ya se extiende más allá del frente.
En los últimos meses, Ucrania ha demostrado capacidad para alcanzar objetivos en territorio ruso mediante drones y misiles de largo alcance. Instalaciones energéticas, puertos y refinerías han sido atacados, incluso en regiones alejadas de la frontera. Este escenario ha obligado a reforzar la seguridad en ciudades clave como Moscú y ha llevado a cancelar ensayos previos del desfile.
La reducción del evento en la capital no es un caso aislado. En San Petersburgo también se ha anunciado una versión más limitada, sin presencia de equipamiento militar moderno. En otras ciudades como Nizhni Nóvgorod y Kaliningrado, las celebraciones han sido directamente canceladas, mientras que en algunas regiones solo se permitirán exhibiciones de vehículos históricos.
El desfile del Día de la Victoria, instaurado como evento anual en 1995 tras la disolución de la Unión Soviética, se ha convertido bajo el liderazgo de Vladímir Putin en una poderosa herramienta de proyección nacionalista y militar. La exhibición de armamento pesado, incluidos misiles intercontinentales, ha sido durante años una pieza central del mensaje de fuerza del Estado ruso.
Sin embargo, la guerra en Ucrania ha alterado ese guion. La necesidad de mantener recursos en el frente, sumada al riesgo de ataques en territorio propio, ha llevado a una celebración más contenida. Aunque la aviación sí participará en el desfile, con sobrevuelos de aviones de combate, el tradicional estruendo de los tanques sobre el pavimento de la Plaza Roja estará ausente.
La imposibilidad de mantener el formato habitual pone en evidencia cómo el conflicto ha cambiado las prioridades del Kremlin. Más allá de las explicaciones oficiales, el ajuste del desfile refleja una realidad: Rusia no puede permitirse este año una demostración de poder como en ocasiones anteriores.
Aun así, el gobierno ruso busca preservar el carácter simbólico de la fecha. El Día de la Victoria sigue siendo una de las celebraciones más importantes del país, vinculada a la memoria de la Segunda Guerra Mundial y utilizada como elemento de cohesión nacional.
Pero en 2026, esa conmemoración llega marcada por la guerra actual. La reducción del desfile, forzada por las circunstancias del conflicto, evidencia hasta qué punto Ucrania ha logrado trasladar la presión más allá del campo de batalla, impactando incluso en los rituales más emblemáticos del poder ruso.
Fuente: La Vanguardia
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