Donald Trump encendió las alarmas dentro de su propio partido al advertir que, si los republicanos pierden las elecciones de mitad de mandato, sus adversarios “buscarán cualquier excusa” para destituirlo de la Presidencia. El mandatario lanzó el mensaje durante un encuentro con legisladores republicanos en Washington, en un claro intento de movilizar a sus bases y revertir un escenario electoral que, según las encuestas, se inclina a favor de los demócratas.
Con la vista puesta en los comicios de noviembre, en los que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y la mayoría de las gobernaciones estatales, Trump instó a su partido a “ganar o ganar”. Durante su intervención, fue directo: si los demócratas recuperan el control de la Cámara baja, utilizarán ese poder para impulsar un nuevo proceso de impeachment en su contra, tal como ocurrió durante su primer mandato.
El presidente no olvida el juicio político de 2019, cuando fue investigado por presiones al Gobierno de Ucrania en un contexto de pérdida del control del Congreso. Ahora, con un clima político más polarizado y una oposición fortalecida en varios estados clave, Trump teme que la historia se repita.
Las encuestas no juegan a su favor. Sondeos recientes muestran que una mayoría de los estadounidenses desaprueba su gestión tras el primer año de su segundo mandato. El malestar social se ha visto alimentado por una combinación de factores: el impacto de los aranceles en el costo de vida, las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados, el despliegue de fuerzas federales en ciudades gobernadas por demócratas, recortes a programas sociales y una política exterior marcada por decisiones controvertidas, incluida la reciente operación militar en Venezuela.
Aun así, Trump insiste en presentar su balance como positivo. Defiende los aranceles como una herramienta para imponer condiciones a socios comerciales y presume de su política migratoria, que ha derivado en cientos de miles de deportaciones. Frente a los legisladores republicanos, también reivindicó lo que considera “éxitos” en el control de la frontera y en materia de seguridad nacional.
El encuentro, respaldado por figuras clave del liderazgo republicano como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, sirvió para cerrar filas en torno al presidente. Los asistentes respondieron con aplausos y consignas optimistas, aunque puertas adentro persiste la preocupación por el desgaste político del mandatario.
Trump también volvió a insistir en una de sus banderas más polémicas: la exigencia de identificación obligatoria de los votantes. Según él, esta medida garantizaría elecciones limpias, aunque los demócratas la consideran un intento de restringir el voto de sectores vulnerables, como personas de bajos ingresos, minorías y adultos mayores. El presidente volvió a sembrar dudas sobre la integridad del sistema electoral, una estrategia recurrente desde que se negó a reconocer su derrota en 2020.
En paralelo, la Casa Blanca ha impulsado maniobras de rediseño de distritos electorales en algunos estados controlados por republicanos, buscando un mapa más favorable. Sin embargo, los demócratas han respondido con tácticas similares en territorios donde tienen mayoría, como California, lo que augura una batalla política y legal intensa.
Fuente: El País
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