La violencia volvió a golpear a una familia cubana. Rolando Jiménez Mora, conocido por todos como Roly, natural de la provincia de Las Tunas y emigrado recientemente a La Habana en busca de nuevas oportunidades, fue asesinado tras un ataque con arma blanca en las inmediaciones de una discoteca de la capital. El hecho ocurrió cuando el joven se dirigía hacia la vivienda donde se encontraba rentado junto a tres mujeres.
Según testimonios de vecinos, Rolando fue apuñalado y, gravemente herido, recibió ayuda inicial de personas del lugar. En un intento desesperado por salvar su vida, logró trasladarse por sus propios medios hasta una unidad cercana de la PNR. Sin embargo, las heridas resultaron fatales y falleció poco después, dejando a su familia y amigos sumidos en el dolor, la rabia y la incertidumbre.
Hasta el momento, no se ha confirmado oficialmente la identidad de los agresores, ni se ha esclarecido quiénes acompañaban a Rolando en el momento del ataque ni qué motivó el crimen. La falta de información clara ha incrementado la angustia de los familiares, que exigen respuestas y acciones concretas para que este asesinato no quede impune.
A este sufrimiento se suma otro golpe: hasta este lunes, el cuerpo de Rolando aún no había sido trasladado a Las Tunas, lo que impide a sus seres queridos despedirse y realizar los rituales de duelo. Para una familia humilde, la espera se convierte en una herida más, abierta y sin consuelo, mientras claman por respeto, humanidad y diligencia en los procesos.
Amigos, vecinos y personas cercanas han comenzado a alzar la voz en redes sociales, pidiendo justicia y visibilidad para el caso. Desde el perfil de Facebook “Nio Reportando un Crimen”, se difundió la denuncia pública, exigiendo que se investigue a fondo, que se identifique a los responsables y que se informe con transparencia sobre lo ocurrido.
La muerte de Roly no es solo una estadística más: es la historia de un joven que dejó su provincia con la esperanza de construir un futuro mejor y terminó perdiendo la vida de forma brutal en las calles de la capital. Su asesinato vuelve a encender las alarmas sobre la inseguridad, la violencia nocturna y la necesidad urgente de respuestas efectivas por parte de las autoridades.
Hoy, una familia en Las Tunas llora a su hijo. Sus amigos lloran a un hermano. Y una comunidad entera exige lo mínimo que merece cualquier víctima: verdad, justicia y que el nombre de Rolando Jiménez Mora no quede en el silencio ni en el olvido.
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