El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel acudió a la embajada de Irán en La Habana para firmar el Libro de Condolencias abierto tras la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí, un gesto que vuelve a poner en evidencia la estrecha cercanía entre regímenes autoritarios que han gobernado durante décadas sin elecciones libres ni respeto pleno a las libertades civiles.
Según informó la Presidencia cubana en redes sociales, Díaz-Canel expresó su “profundo dolor” por la muerte del dirigente iraní y calificó el hecho como una violación del derecho internacional. El mandatario cubano estuvo acompañado por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y por el director general de Asuntos Bilaterales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Carlos Miguel Pereira Hernández.
En el mensaje dejado en la sede diplomática, el gobernante cubano recordó a Jameneí como un “estadista” que contribuyó a fortalecer las relaciones entre Cuba e Irán, dos países gobernados por estructuras políticas cerradas donde el poder real se concentra en élites que no permiten una competencia democrática efectiva.
Jameneí, líder supremo iraní durante décadas, encabezó uno de los sistemas políticos más restrictivos del mundo. Bajo su mando, el régimen iraní ha sido acusado repetidamente por organizaciones internacionales de graves violaciones a los derechos humanos, persecución a opositores, censura y represión contra manifestaciones populares.
La solidaridad mostrada por Díaz-Canel no sorprende. El régimen cubano mantiene desde hace años estrechos vínculos políticos con gobiernos autoritarios o de partido único en distintos puntos del planeta. En ese contexto, la alianza con Teherán ha sido una constante dentro de la política exterior de La Habana.
El propio sistema político cubano también ha sido duramente cuestionado por organismos internacionales y por la oposición democrática dentro y fuera de la isla. En Cuba no existen elecciones multipartidistas, la prensa independiente es perseguida y numerosos activistas y periodistas han sido detenidos o encarcelados por expresar críticas al poder.
Tras las protestas masivas del Protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba, el gobierno de Díaz-Canel fue acusado de desatar una ola represiva que dejó cientos de detenidos y decenas de condenas de prisión para manifestantes que exigían libertad y mejores condiciones de vida.
En ese escenario, la cercanía entre La Habana y Teherán refleja también una coincidencia ideológica: ambos sistemas han construido su legitimidad política sobre estructuras de poder cerradas, con fuerte control estatal sobre la sociedad y una narrativa constante contra Estados Unidos y Occidente.
Mientras los gobernantes cubanos envían condolencias a figuras del poder iraní, millones de ciudadanos dentro de la isla continúan enfrentando una profunda crisis económica, marcada por escasez de alimentos, apagones frecuentes y un deterioro acelerado de los servicios básicos.
Fuente: Agencia Cubana de Noticias
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