El liderazgo venezolano, representado por figuras como Diosdado Cabello y el círculo más cercano de Nicolás Maduro, ha construido una narrativa política llena de declaraciones grandilocuentes que, con el tiempo, han resultado ser contradictorias con sus propias acciones. La retórica oficial ha oscilado entre la hostilidad abierta contra Estados Unidos y la defensa de una supuesta soberanía absoluta; sin embargo, estos discursos chocan con hechos que muestran una gestión pragmática (y a veces desesperada) basada en intereses económicos reales.
Un ejemplo reciente del doble discurso lo constituye la famosa declaración de Cabello: “ni una gota de petróleo hacia Estados Unidos si nos agreden”, pronunciada como símbolo de resistencia ante la presión externa. Sin embargo, días después, altos mandos del chavismo se vieron involucrados en acuerdos que llevaron a exportar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos bajo supervisión estadounidense luego de la captura de Maduro, según lo anunciado públicamente por el gobierno estadounidense.
Esta contradicción expone cómo una proclama de soberanía puede fácilmente mutar en negociación pragmática cuando las circunstancias económicas o políticas lo exigen.
El discurso oficial del régimen venezolano también suele acusar a Estados Unidos y a sus medios de propagar “mentiras” o “fake news” para desprestigiar al país y justificar acciones intervencionistas. Cabello incluso se ha pronunciado contra lo que describe como ataques falsos y manipulación mediática, llegando a afirmar que ciertos eventos —como ataques o acusaciones externas— son inventos creativos sin base real.
No obstante, con el paso del tiempo, algunas de esas versiones han tenido que ser ajustadas o directamente admitidas por el propio gobierno en declaraciones posteriores.
Estas contradicciones no solo alimentan la percepción de que el discurso oficial está desconectado de la realidad práctica, sino que también muestran cómo el régimen maneja su narrativa de acuerdo con sus propios intereses políticos, muchas veces sin una base consistente. La historia reciente de Venezuela evidencia que las grandes promesas revolucionarias pueden quedar vacías cuando el curso de los acontecimientos obliga a una mano más pragmática y menos ideológica. En tiempos de crisis económica, colapso institucional y presión internacional, el doble rasero no solo legitima la desconfianza interna, sino que exhibe una tendencia a priorizar la supervivencia del régimen por encima de las declaraciones solemnes.
Fuente: Alberto Arego
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