Foto: 14yMedio
Al caer la tarde en Regla, bajo un cielo teñido de rojo, cientos de personas permanecen apiñadas en una larga fila para comprar una balita de gas en los establecimientos de Cupet. La mayoría son personas mayores, que utilizan el tanque vacío o los carritos de transporte como asiento improvisado para aliviar el cansancio. El camión con el suministro llega alrededor de las seis de la tarde, y apenas dos horas después, la multitud avanza lentamente, entre discusiones y confusión.
No todas las colas en la capital funcionan igual: algunas presentan cierta organización, mientras que otras reflejan desorden absoluto. Una joven, revisando Facebook mientras espera, cuenta que su madre en el Cerro logró adquirir la balita desde la una de la tarde, evidenciando las diferencias entre los puntos de venta.
El protocolo oficial, publicado en un grupo de Telegram, establece que la prioridad debe ser para quienes llevan más tiempo sin reponer la balita, pero en la práctica la organización depende del criterio de los trabajadores. Por ejemplo, en la calle Obispo de Guanabacoa, se produjo un alboroto cuando solo se despacharon 150 balitas a los primeros de la fila, dejando a quienes llevaban meses esperando sin recibir el suministro. Muchos de los primeros eran mensajeros o personas que habían marcado varias veces, incumpliéndose así la prioridad indicada por el reglamento.
Este martes, la Empresa de Gas Licuado (GLP) anunció la distribución de 15.000 cilindros diarios para las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque, supuestamente de manera equitativa y priorizando las zonas con mayor densidad de clientes. La normativa indicaba que cada contrato podría adquirir un solo cilindro y que los mensajeros solo podían comprar uno por cliente al día. Sin embargo, en las calles, la realidad muestra un caos que dista mucho del protocolo.
La demanda de gas ha crecido de manera exponencial en el último mes, con precios en el mercado informal que alcanzan hasta 30.000 pesos cubanos. Ante la escasez de gas y electricidad, muchas personas recurren nuevamente al carbón y la leña para cocinar, una práctica histórica en el oriente del país, pero que ahora se extiende a barrios de La Habana.
Históricamente, Jamaica ha sido el proveedor de gas licuado para Cuba, pero tras la sanción impuesta por la administración de Donald Trump el 30 de enero a cualquier país que suministre combustible a la Isla, los envíos se interrumpieron. El 1 de febrero, el tanquero cubano Emilia regresó vacío al puerto de Cienfuegos tras un intento fallido de comprar GLP en Kingston, dejando a la población frente a una escasez crítica.
Con información de 14yMedio
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