Irán atraviesa una de las oleadas de protestas más extensas y violentas de los últimos años. Al menos 36 personas han muerto y miles han sido detenidas en manifestaciones que se han extendido por casi todo el país, impulsadas por el colapso económico, la depreciación histórica de la moneda nacional y el creciente rechazo al régimen del ayatolá Alí Khamenei.
Las movilizaciones, que comenzaron a finales de diciembre, se han registrado en al menos 92 ciudades de 27 de las 31 provincias iraníes. Comerciantes, estudiantes, trabajadores y pequeños empresarios han salido a las calles coreando consignas como “Muerte al dictador”, en una muestra de desafío abierto a la República Islámica. La magnitud de las protestas ha puesto en alerta a las autoridades, que han respondido con una fuerte represión.
Uno de los epicentros del descontento ha sido el Gran Bazar de Teherán, corazón histórico de la vida económica y política del país. Durante dos días consecutivos, la mayoría de los comercios mantuvo sus persianas cerradas en señal de protesta por la inflación descontrolada y el desplome del rial. Testigos relataron que manifestantes realizaron sentadas pacíficas dentro del bazar, hasta que las fuerzas de seguridad intervinieron con gas lacrimógeno para dispersarlos, obligando al cierre total del mercado.
Escenas similares se repitieron en ciudades como Shiraz, Tabriz, Bandar Abás, Qazvín, Gonabad y Neyshabur, donde mercados tradicionales y zonas comerciales suspendieron actividades. Videos verificados por organizaciones no gubernamentales muestran arrestos arbitrarios y el uso de gases lacrimógenos contra marchas pacíficas, tanto de comerciantes como de estudiantes.
La crisis económica es el detonante central del estallido social. El rial iraní alcanzó un nuevo mínimo histórico, cotizándose esta semana en alrededor de 1,46 millones por dólar en el mercado no oficial. Antes de la Revolución Islámica de 1979, la moneda se mantenía estable en torno a 70 riales por dólar; incluso en 2015, tras el acuerdo nuclear, se cambiaba a unos 32.000. Años de sanciones internacionales, mala gestión y recientes tensiones regionales han erosionado los ahorros de millones de iraníes.
El presidente reformista Masoud Pezeshkian reconoció públicamente la gravedad de la situación y advirtió que la crisis podría salirse de control. “No deberíamos esperar que el gobierno maneje todo esto solo. El gobierno simplemente no tiene esa capacidad”, afirmó en un discurso televisado, mientras ordenaba una investigación sobre algunos incidentes ocurridos durante las protestas.
Como respuesta, el régimen anunció un subsidio mensual de 10 millones de riales —equivalente a unos siete dólares— para la compra de alimentos básicos. Sin embargo, economistas locales y ciudadanos coinciden en que la medida es insuficiente: apenas alcanza para adquirir productos esenciales como un litro de aceite, un kilo de pollo y una docena de huevos.
La represión también ha alcanzado al sector estudiantil. En la Universidad Islámica Azad de Kermanshah, fuerzas de seguridad ingresaron al campus para desalojar a estudiantes que protestaban contra las políticas del régimen. “No recuerdo haber visto a tanta gente tan unida y decidida a desafiar al poder”, declaró uno de los jóvenes manifestantes.
Con el país paralizado en amplias zonas, una moneda en caída libre y un descontento social que no cede, Irán enfrenta un escenario de alta tensión cuyo desenlace sigue siendo incierto.
(Con información de EFE, AP y AFP)
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