La comunidad cubana ha recibido con un profundo escepticismo la reciente promesa de Donald Trump de poner fin al régimen en la isla antes de 2029. Tras décadas de discursos y compromisos políticos no cumplidos por parte de distintas administraciones en Washington, predomina una sensación de desconfianza entre la población, que ve lejano un cambio sustancial y teme que los plazos prometidos no respondan a la urgencia de la realidad socioeconómica actual de Cuba.
Entre bostezos de incredulidad y chistes de ancianos que murieron esperando, la comunidad cubana ha acogido la última promesa de Donald Trump de acabar con el régimen de los Castro antes de 2029 con el mismo entusiasmo con el que se recibe una secuela innecesaria de una película mala. La consigna popular tras décadas de «muela» política en Washington es clara y tajante: a este paso, cuando llegue la famosa liberación, en La Habana solo van a quedar los fantasmas.
El guión ya nos lo sabemos de memoria. Donald Trump sale a escena, nombra a Marco Rubio, insinúa un plan definitivo «en dos semanas» y promete que el castrismo pasará a la historia antes de que él entregue las llaves de la Casa Blanca en 2029. Sin embargo, la respuesta no ha sido de júbilo multitudinario, sino un coro masivo de sarcasmo. La gente no sabe si reír o llorar ante lo que califican como la «temporada 45» de una serie interminable que jamás llega a su episodio final. Expresiones como «más rollo que película» o «Tía Tata cuenta cuentos» resumieron el sentir general frente a una retórica electoral que huele sospechosamente a campaña para las midterms.
El problema de las promesas a tan largo plazo es la demografía básica. Los usuarios recordaron con amargura cómo bisabuelos, abuelos y padres fallecieron aguardando el ansiado cambio, advirtiendo que a este ritmo de desintegración y éxodo masivo, la libertad llegará cuando la isla esté completamente desierta. Para colmo de males, los más perspicaces señalaron el pequeño detalle de que técnicamente ningún Castro ocupa ya el sillón presidencial, por lo que algunos irónicamente sugieren que la promesa ya se cumplió o que simplemente le cambiarán el apellido a los herederos del poder para mantener el negocio intacto. Entre los pocos que aún guardan fe ciega y los que exigen «menos blablablá y más acciones», el pueblo cubano sigue atrapado en su deporte nacional: esperar a que Washington actúe mientras se apaga la luz.
Fuente: Cibercuba
Crisis de agua en Prado y Neptuno: la rotura impune que alimenta el mercado negro(Video)
Hace 1 hora
Colapso de los servicios fúnebres en Cuba convierte el último adiós en una odisea(Video)
Hace 1 hora
Banco Metropolitano modifica su horario de atención al público desde el 2 de noviembre
Hace 14 horas
El gas licuado se dispara en la Isla de la Juventud: de 50 a 89 dólares por una balita
Hace 20 horas
ICE detiene a 4.170 personas en Texas en diez días; el 40 % no tenía antecedentes penales
Hace 1 día
Ana Hurtado vuelve a manifestarse a favor de la Revolución cubana tras votación en la ONU
Hace 1 día