Una notificación judicial recibida con un día de retraso cambió por completo el destino de Luis Enrique Mojena. El cubano, que había escapado de una misión médica en Venezuela y atravesado la peligrosa selva del Darién para llegar a Estados Unidos, terminó deportado a la República Centroafricana. Ahora permanece en Bangui, lejos de su familia y sin saber cuándo podrá salir del país africano.
La historia de Luis Enrique Mojena resume las dificultades que pueden afrontar los migrantes cubanos en Estados Unidos cuando sus procesos judiciales se complican. Lo que comenzó como un viaje en busca de una vida mejor terminó con su deportación a un país africano que nunca había imaginado como destino.
Natural de Sandino, en Pinar del Río, Mojena abandonó en 2022 una misión médica cubana en Venezuela. Desde allí emprendió la ruta migratoria por la selva del Darién y consiguió llegar a Miami después de 37 días de travesía.
Tras entrar en Estados Unidos, recibió un documento I-220A y quedó bajo supervisión migratoria. Posteriormente se trasladó a Houston, donde consiguió certificarse como masajista y comenzó a construir una nueva vida.
Su situación cambió cuando las autoridades adelantaron una audiencia migratoria del 1 de diciembre de 2026 al 22 de junio. Según su testimonio, la notificación llegó a su domicilio el día 23, cuando la cita ya había pasado.
Al día siguiente acudió voluntariamente a las oficinas de ICE para explicar lo sucedido. Sin embargo, fue detenido y permaneció aproximadamente 120 días bajo custodia en el condado de Montgomery.
Después de varios procedimientos judiciales y de que se reactivaran las deportaciones a terceros países, Mojena terminó incluido en un vuelo que trasladó a decenas de cubanos hasta África.
El avión partió desde Luisiana y realizó varias escalas antes de aterrizar en Bangui, capital de la República Centroafricana. Según relató al periodista Daniel Benítez, los pasajeros permanecieron esposados durante buena parte del trayecto.
Mojena también denunció malos tratos durante el traslado y aseguró que actualmente vive bajo vigilancia en una residencia habilitada para los deportados.
En el grupo viajaban al menos 69 cubanos, entre ellos cinco mujeres. Algunos permanecen todavía en territorio africano.
Desde Bangui, Mojena describió sus condiciones de vida como anormales y expresó su frustración por lo ocurrido. Su caso vuelve a poner sobre la mesa las consecuencias de los procedimientos migratorios y la vulnerabilidad de quienes dependen de notificaciones y decisiones judiciales para permanecer en Estados Unidos.
Fuente: Daniel Benítez - Mario Pentón
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