El caso de Alexander Díaz Rodríguez vuelve a poner rostro humano a la represión en Cuba. Tras cinco años en prisión por participar en las protestas del 11 de julio de 2021, el ex preso político salió en condiciones extremas de salud, convertido en un testimonio del deterioro físico y psicológico que denuncian numerosos opositores en la isla.
Díaz Rodríguez, detenido a los 40 años por manifestarse contra el régimen, recuperó la libertad con apenas 37 kilos de peso, cuando al ingresar a prisión pesaba alrededor de 81. Hoy, con 45 años, enfrenta un cáncer terminal de garganta, además de múltiples enfermedades adquiridas durante su reclusión.
“Estoy un poquito flaco, pero vivo”, dijo en sus primeras declaraciones tras salir de prisión, en una frase que resume tanto su fragilidad como su supervivencia.
En entrevista con el canal NTN24, el ex prisionero relató las condiciones que enfrentó durante su encierro. Según su testimonio, fue sometido a maltratos físicos y psicológicos de manera sistemática, además de permanecer en celdas de castigo en numerosas ocasiones.
“Fueron muy duros para mí… varias celdas de castigo, un promedio de 11 o 12, y mucho maltrato físico y verbal”, aseguró.
Su estado de salud actual es alarmante. Además del cáncer en fase avanzada, padece desnutrición severa, hepatitis B —que habría contraído en prisión—, anemia, gastritis y graves problemas dentales. La enfermedad en la garganta le dificulta hablar con claridad y su debilidad física es evidente.
“El dolor no me deja expresarme correctamente. Me siento muy débil”, explicó.
El caso no solo expone las condiciones del sistema penitenciario cubano, sino también la situación de muchos detenidos tras las protestas del 11J, que derivaron en cientos de arrestos y condenas. Organizaciones de derechos humanos han denunciado reiteradamente el uso de la prisión como herramienta de castigo político, así como las deficientes condiciones sanitarias y la falta de atención médica adecuada.
Díaz Rodríguez también expresó temor por su seguridad tras su liberación. Asegura que, en su estado actual, no resistiría un nuevo encarcelamiento. “Temo bastante por mi vida… no sé si aguantaría otra prisión”, afirmó.
Su historia se suma a la de otros ex presos políticos que han denunciado deterioro de salud, aislamiento y abusos durante su reclusión. En muchos casos, las secuelas físicas y psicológicas perduran incluso después de recuperar la libertad.
Mientras el discurso oficial evita reconocer estas denuncias, testimonios como el de Díaz Rodríguez reflejan una realidad que continúa generando preocupación dentro y fuera de la isla.
Fuente: NTN 24
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