En una Cuba donde las calles se desmoronan, los hospitales carecen de suministros básicos y los apagones son una constante, el régimen cubano ha decidido erigir un imponente símbolo de lujo: el Hotel Torre K-23.
Este rascacielos de 154 metros de altura, construido con una inversión de 200 millones de dólares, se levanta como un gigantesco monumento de vidrio y acero en medio de la crisis que afecta a la Isla.
Pero la pregunta que surge es ¿qué podría haberse hecho con esa misma cantidad de dinero para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos?
Con esos 200 millones de dólares, Cuba podría haber construido una central termoeléctrica de 300 megavatios, similar a la ya deteriorada CTE "Antonio Guiteras", la más grande del país. O tal vez un hospital general con 400 camas, que podría haber servido para aliviar la creciente falta de atención médica en muchas partes del país.
También se podrían haber edificado hasta cuatro hospitales pediátricos de 120 camas cada uno, o tres hospitales maternos, fundamentales en una nación con serias deficiencias en servicios de salud.
Además, Cuba podría haber mejorado su infraestructura de salud primaria con 100 policlínicos modernos, 200 clínicas dentales, 400 clínicas oftalmológicas y hasta 20 plantas eléctricas flotantes turcas, conocidas como patanas, para fortalecer el débil sistema energético que afecta a millones de personas en la Isla.
Sin embargo, mientras se construye este monumental rascacielos en el corazón de la Habana, a solo unas cuadras de distancia, el hospital "Calixto García" sigue en ruinas, con estructuras envejecidas y condiciones precarias que dificultan la atención a los enfermos. Este contraste refleja con claridad las prioridades del gobierno cubano: la ostentación y el lujo de unos pocos por encima del bienestar de la mayoría.
En un comentario en relación con el tema, periodista cubano radicado en Miami, Mario Penton ha sido claro al señalar que el régimen cubano parece estar cada vez más alejado de las necesidades del pueblo.
La construcción del Hotel Torre K-23 es un claro ejemplo de una política que sigue favoreciendo a la élite gobernante y los proyectos que benefician solo a una pequeña fracción de la población, mientras que la gran mayoría de los cubanos continúa sufriendo las consecuencias de la falta de recursos, infraestructura y servicios básicos.
En lugar de invertir en soluciones que resuelvan los problemas de la población, se opta por levantar símbolos de poder que solo agrandan las desigualdades en Cuba.
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