El aumento de las muertes asociadas a la demencia y el Alzheimer revela una de las crisis sanitarias menos visibles de Cuba. En un país donde más de una cuarta parte de la población supera los 60 años, el deterioro cognitivo se ha convertido en una amenaza creciente para miles de familias que deben enfrentar la enfermedad en medio de la escasez de medicamentos, la falta de especialistas y una profunda crisis económica. Detrás de las estadísticas hay hogares agotados, cuidadores sin apoyo y pacientes que pierden poco a poco sus recuerdos, su autonomía y, en muchos casos, su vínculo con el mundo que los rodea.
La demencia y la enfermedad de Alzheimer continúan ganando terreno en Cuba, impulsadas por el acelerado envejecimiento poblacional y las limitaciones que enfrenta el sistema de salud para responder a una demanda cada vez mayor de atención especializada.
Datos recientes indican que durante 2024 se registraron 6.251 fallecimientos asociados a estas enfermedades, cifra superior a los 5.839 decesos reportados el año anterior. El incremento confirma una tendencia sostenida que coloca a los trastornos neurodegenerativos entre las principales causas de muerte en el país.
El problema adquiere una dimensión aún más preocupante si se tiene en cuenta que Cuba es actualmente la nación más envejecida de América Latina y el Caribe. Más del 25% de los habitantes supera los 60 años, un escenario que favorece el aumento de enfermedades vinculadas al deterioro cognitivo.
Especialistas recuerdan que la demencia no constituye una enfermedad específica, sino un síndrome que afecta la memoria, la orientación, el lenguaje y la capacidad para realizar actividades cotidianas. El Alzheimer es la forma más frecuente, aunque existen otras variantes relacionadas con problemas vasculares, lesiones cerebrales y diversos factores de riesgo.
Las consecuencias se sienten principalmente dentro de los hogares. Muchas familias asumen en solitario el cuidado de pacientes que requieren supervisión permanente, medicamentos, alimentación especial y asistencia para las tareas más básicas. La situación se agrava por la escasez de recursos médicos, la falta de insumos esenciales y los prolongados apagones que afectan la calidad de vida de enfermos y cuidadores.
A ello se suma el elevado costo de artículos indispensables como pañales para adultos, sondas, sillas de ruedas y equipos de apoyo, productos que en muchos casos solo pueden adquirirse en divisas o mediante ayuda de familiares en el exterior.
Los expertos advierten que las cifras seguirán creciendo durante las próximas décadas. Algunas proyecciones estiman que para 2030 podrían existir alrededor de 260.000 personas con algún tipo de demencia en la Isla.
Más allá de los números, el avance del Alzheimer representa un desafío humano y social de enormes dimensiones. Cada diagnóstico implica una familia que aprende a convivir con el olvido, la dependencia y la incertidumbre, mientras busca apoyo en un entorno cada vez más limitado para atender a una población que envejece aceleradamente.
Fuente: OECD, Diario de Cuba